La mirada que nace cuando aprendemos a mirar de verdad

Hay noches que no terminan cuando amanece.
Se quedan dentro.
Como una herida.
Como una pregunta.
Como una luz pequeña que, sin saberlo, empieza a señalar un camino.
Recuerdo algunas noches en Gambo en las que el hospital parecía contener toda la fragilidad del mundo.
El silencio de los pasillos.
El cansancio acumulado en los cuerpos.
La respiración de un niño.
La espera de una madre.
La impotencia de saber que, a veces, la medicina no llega a tiempo.
Había días en los que había visto demasiado.
Demasiada vida.
Demasiada muerte.
Demasiada injusticia.
Y, sin embargo, también demasiada humanidad como para poder olvidarla.
Algunas noches me levantaba de madrugada.
No podía dormir.
Encendía una luz tenue.
Y escribía.
Escribía porque había historias que necesitaban salir de dentro.
Escribía porque algunas vidas no podían quedar reducidas a un diagnóstico, a una cifra o a una estadística.
Escribía porque necesitaba comprender cómo podía convivir tanta fragilidad con tanta belleza.
Y quizá, sin saberlo, allí empezó todo.
Mucho antes de esta web.
Mucho antes de ponerle un nombre.
Mucho antes de saber que algún día llamaría a este espacio:
La Mirada de Iñaki Alegría.
Mirar de otra manera
Durante años he pensado que viajar lejos servía para conocer otros lugares.
Ahora creo que sirve, sobre todo, para abrir la mirada.
Y me enseñó algo todavía más importante:
no vemos el mundo como es. Lo vemos desde la mirada con la que hemos aprendido a contemplarlo.
Por eso esta web no nace simplemente para contar proyectos, experiencias o viajes.
Nace de una pregunta.
¿Y si cambiar el mundo empezara por cambiar nuestra manera de mirarlo?







