A él no podemos responder “mañana”. Su nombre es “Hoy” – Gabriela Mistral

 

‘Somos culpables de muchos errores y muchas faltas,

Pero nuestro peor crimen es abandonar a los niños,

Olvidando la fuente de vida.

Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar.

Los Niños no.

Justo ahora es el momento en que sus huesos se están formando,

Su sangre se está elaborando

Y sus sentidos siendo desarrollados.

A él no podemos responder “Mañana”.

Su nombre es “Hoy”.

 

Gabriela Mistral

Poeta chilena premio Nobel

 

Poema que me marcó profundamente, aprendí que no podemos esperar, su nombre es “HOY”

Poema que como no podía ser de otro modo introduce mi primer libro publicado “ALEGRÍA CON GAMBO: La mirada etíope que alimentó mi vida

 

Espero que los disfrutéis.

Podéis encontrar el libro disponible en las principales librerías.

También lo podéis comprar on-line a través del siguiente enlace:

 http://claret.cat/es/libro/alegria-con-gambo

El 100% de los beneficios del libro los destinaremos al proyecto “Alegría con Gambo” de la ONG “Alegría Sin Fronteras ” para la mejora de la vida de los niños y niñas más desfavorecidos del sur de Etiopía.

 

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Niña nací en Etiopía

 

Niña nací en Etiopía

Por el derecho a ser niña – Canción solidaria de Igual a Igual (Gracias Pau Donés)

De igual a igual –  Letra Pau Donés/Iñaki Alegría

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Persona soy

Niña nací

Para tener amigos

Para vivir feliz

En un mundo tranquilo

Alegre y divertido

Donde jueguen los niños

Y poder sonreír

 

Niña nací

En Etiopía

Aquí no hay golosinas

Ni agua ni comida

Me duele la barriga

Ni ayer ni hoy comí

No tengo medicinas

Ni ganas de reír

 

Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

Sonreír, jugar de nuevo

Ser feliz, no tener miedo

 

Ser un niño con escuela,

Casa, amigos y juguetes

 

En un mundo sin igual

De igual a igual

 

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

 

Nací en el mar

En un barquito a la deriva

A mi papa y mi mama

Nunca más conocí

Soy niña refugiada

Sin juguetes ni casa

La infancia la perdí

La guerra fue la causa

Mis libros son las bombas

Las armas son mi escuela

La paz un sueño roto

El amor una promesa

No pierdo la esperanza

Cuando acabe la guerra

De volver a mi casa

Y por siempre ser feliz

 

Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

Sonreír, jugar de nuevo

Ser feliz, no tener miedo

 

Ser un niño con escuela,

Casa, amigos y juguetes

 

En un mundo sin igual

De igual a igual (x2)

 

Somos tierra, somos paz

Somos fuego, destino, verdad

Somos sangre, hermanos, amigos

Y en el tiempo andamos perdidos

A persar de nuestros defectos

Algunas virtudes tenemos

Somos ángeles, somos buenos

Somos, somos lo que somos

 

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

 

 

 

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Nací en el Mar

Nací en mar,

En un barquito a la deriva

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Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

 

 

De igual a igual –  Letra Pau Donés/Iñaki Alegría

Cánticos de esperanza en  medio del mar

 

Nací en el mar

En un barquito a la deriva

A mi papa y mi mama

Nunca más conocí

Soy niña refugiada

Sin juguetes ni casa

La infancia la perdí

La guerra fue la causa

Mis libros son las bombas

Las armas son mi escuela

La paz un sueño roto

El amor una promesa

No pierdo la esperanza

Cuando acabe la guerra

De volver a mi casa

Y por siempre ser feliz

 

Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

Sonreír, jugar de nuevo

Ser feliz, no tener miedo

 

Ser un niño con escuela,

Casa, amigos y juguetes

 

En un mundo sin igual

De igual a igual (x2)

 

Somos tierra, somos paz

Somos fuego, destino, verdad

Somos sangre, hermanos, amigos

Y en el tiempo andamos perdidos

A pesar de nuestros defectos

Algunas virtudes tenemos

Somos ángeles, somos buenos

Somos, somos lo que somos

 

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

 

 

Letra completa de la canción solidaria:

De igual a igual –  Letra Pau Donés/Iñaki Alegría

Persona soy

Niña nací

Para tener amigos

Para vivir feliz

En un mundo tranquilo

Alegre y divertido

Donde jueguen los niños

Y poder sonreír

 

Niña nací

En Etiopía

Aquí no hay golosinas

Ni agua ni comida

Me duele la barriga

Ni ayer ni hoy comí

No tengo medicinas

Ni ganas de reír

 

Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

Sonreír, jugar de nuevo

Ser feliz, no tener miedo

 

Ser un niño con escuela,

Casa, amigos y juguetes

 

En un mundo sin igual

De igual a igual

 

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

 

Nací en el mar

En un barquito a la deriva

A mi papa y mi mama

Nunca más conocí

Soy niña refugiada

Sin juguetes ni casa

La infancia la perdí

La guerra fue la causa

Mis libros son las bombas

Las armas son mi escuela

La paz un sueño roto

El amor una promesa

No pierdo la esperanza

Cuando acabe la guerra

De volver a mi casa

Y por siempre ser feliz

 

Ser un niño es lo que quiero

No lo pido, es mi derecho

Sonreír, jugar de nuevo

Ser feliz, no tener miedo

 

Ser un niño con escuela,

Casa, amigos y juguetes

 

En un mundo sin igual

De igual a igual (x2)

 

Somos tierra, somos paz

Somos fuego, destino, verdad

Somos sangre, hermanos, amigos

Y en el tiempo andamos perdidos

A persar de nuestros defectos

Algunas virtudes tenemos

Somos ángeles, somos buenos

Somos, somos lo que somos

 

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

Eeee, oh, ohohoh…

 

Letra de Pau Donés con Iñaki Alegria

 

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Etiopía, uno de los países del mundo que acoge más refugiados

Etiopía es uno de los países del mundo que acoge más refugiados, para ser más exacto, el sexto.
Ahí lo dejo.

Según datos de UNHCRACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), el 84% de los refugiados es acogido por países empobrecidos, éstos países siguen encabezando las listas de países de acogida.

Etiopía, en concreto, es el sexto país de todo el mundo que más refugiados acoge, estamos hablando de alrededor 893.000 refugiados. Las gran mayoría proceden de Sudán del Sur (421.000), Somalia (253.900), Eritrea (164.700), Sudan (444.000), Yemen (1800).
Cifras que pasan desapercibidas, hasta para los refugiados hay clases.

¿Por qué huyen?
¿Qué les lleva a abandonar sus vidas de origen?
¿Qué les lleva a embarcarse para jugarse la vida?
¿Qué les lleva a abandonar a sus familias y dejarlo todo?
¿Cómo viven en sus países?
No olvidemos ir a la raíz del problema.

Ahora que el mundo mira hacia los refugiados, acerquemos la mirada a los otros refugiados, los nadie:

Los otros refugiados, los nadie
Si poco preocupan las personas que buscan refugio en Europa, nada aquellas quienes lo hacen en África u Oriente Medio, muriendo sin que nadie lo sepa, y lo peor, sin querer saberlo.
Desaparecen ahogados en el silencio, en el olvido, tragados por el mar convertido en un agujero negro, ni la muerte los ensalza, nunca fueron.
Hasta para los refugiados e inmigrantes que mueren en el mar hay clases.

Los nadie, que por no tener ya no tienen ni número

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Sin Fronteras a la Humanidad

Sin Fronteras a la humanidad

Con la vida no se trafica

Si pensamos que el #Aquarius sirve para poner a un país en contra de otro, para enaltecer a unos y criticar a otros es que seguimos utilizando vidas humanas como moneda de cambio.

Por encima de gobiernos, políticas, economías está la vida humana en peligro, está el socorrer.

Hoy que estamos abiertos a escuchar la voz de los inmigrantes, aprovecho para hablar de los otros refugiados, los Nadie, quizá mañana sea demasiado tarde para hacerlo, quizá mañana el mundo mire hacia otro lado.

Quizá…

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Los muros de la vergüenza

Los muros de la vergüenza
Utilizar vidas humanas como moneda de cambio, arma política.

Con la vida no se juega

Algo falla en una sociedad cuando lo humano se vuelve excepcional.

Algo falla cuando nos tenemos que manifestar para decir que matar está mal,

Algo falla cuando la vida humana se convierte en moneda de cambio, en arma de poder.

Algo falla cuando nos sigue importando más la frontera, la nacionalidad que la persona, olvidando la verdadera nacionalidad, la esencial,
La Nacionalidad del Amor

la vida humana por encima de cualquier frontera, nacionalidad,política, sexo, raza, religión. ..

Tampoco olvidemos los nadie:

No nos olvidemos de los otros refugiados, los nadie
Los otros refugiados, los nadie
Si poco preocupan las personas que buscan refugio en Europa, nada aquellas quienes lo hacen en África u Oriente Medio, muriendo sin que nadie lo sepa, y lo peor, sin querer saberlo.
Del mare nostrum al mar rojo.
Desaparecen ahogados en el silencio, en el olvido, tragados por el mar convertido en un agujero negro, ni la muerte los ensalza, nunca fueron.

Hasta para los refugiados e inmigrantes que mueren en el mar hay clases.

El refugiado ya no tiene refugio ni acogida en esta sociedad, tan sólo enriquece las estadísticas de vidas perdidas en el cementerio de la conciencia humana…
Pero todavía hay algo peor,
Ser invisible, inexistente, completamente ignorado,
Vidas naufragadas que por no contar no cuentan ni en la estadística de muertes.

Ya ni se habla de hombres o mujeres, niños o niñas, embarazadas o no…y el número ya ni importa… para qué…

Son los refugiados del conflicto de la vergüenza, Yemen, son los nadie.
Si Yemen es el conflicto bélico silenciado, más lo son los refugiados que huyen de él y en el intento naufragan en el mar, en algún caso las noticias hablan de muertes, de refugiados ni pizca
Saltan del país cayendo al mar donde son engullidos: yemenís, etíopes… que más da…

El mare nostrum se ha convertido en mare mortum, cementerio de dáveres convertidos en cifras,
El mar rojo, es el mar de los nadie, que si su vida vale nada, su muerte no cuenta ni en las estadísticas. Es el mare mortum olvidado, el mar rojo, teñido de sangre.

Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Que no son, aunque sean.
Que no tienen nombre, sino número.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano

Los nadie, que por no tener ya no tienen ni número

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Jamila, sobrevivir para poder vivir en la Etiopía rural

Una oportunidad para mil Jamilas

Nacer en la Etiopía rural es un reto, sobrevivir un desafío

Jamila, sobrevivir para poder vivir en la Etiopía rural.

Si naces en Etiopía, primero tienes que sobrevivir al parto, a la primera inspiración, al primer día, semana, mes, luego tan sólo algunos llegan a vivir.
Otros, la mayoría, los nadie, sobreviven cada día buscando una vida que nunca llega.
Es injusto.

Por nacer en EtiopíaCondenada a sobrevivir cada día.

Esta es la historia de Jamila…

Ayúdanos a dar una oportunidad a mil Jamilas

Una oportunidad para mil Jamilas

El 14 de mayo, Jamila empezó a luchar para vivir. Con apenas unas horas de vida, una infección generalizada obligó meterla en una incubadora con soporte de oxígeno en la Unidad de Cuidados Intensivos de bebés del hospital de Gambo, una zona rural al sur de Etiopía.

La primera noche, el estado crítico de Jamila junto un corte de luz -unido a la imposibilidad de asumir el coste de la gasolina del generador del hospital- estuvo a punto de acabar con su vida. Pero Jalima sigue luchando por vivir.

En esta iniciativa te pedimos que nos ayudes a salvar a Jamila y a otros mil bebés como ella. Hace más falta que nunca. Cada día, 480 niños menores de 5 años mueren en Etiopía, la mitad antes de cumplir un mes de vida. El 80% por causas evitables.

Aunque en Gambo hacemos todo lo posible para evitar más muertes, la falta de recursos limita nuestro trabajo. Si nos ayudas a mejorar la unidad neonatal del Hospital Rural de Gambo en Etiopía, lucharemos con todas nuestras fuerzas para dar el mejor tratamiento posible a los recién nacidos.

Con vuestras donaciones, compraremos medicamentos, cilindros de oxígeno y otros materiales indispensables para tratar a bebés. También cubriremos el coste de cursos de formación especializados para trabajadores sanitarios del centro y podremos cubrir el coste de la gasolina del generador y garantizar así un continuo suministro de electricidad para el funcionamiento de las incubadoras.

Muchas gracias por tu ayuda.

El día 14 de Mayo pasado comenzó una historia de lucha y, cómo no decirlo, de esperanza:Tuit de Xavier Aldekoa:

Paso la noche en vela en una maternidad en una zona rural de Etiopía. Las embarazadas llegan en carro o en burro. Durante la noche, bebés prematuros, cesáreas, madres sufriendo y médicos o enfermeros que se dejan la piel. No copan titulares, pero hay mucha gente buena en África”
Nace una niña y el padre, nervioso, me abraza cuando le aseguran que el bebé y la madre están bien. Al cabo de unas horas, las cosas se tuercen. Infección y parada cardíaca. La madre llora cuando los médicos se llevan a la niña. Ahora está estable, pero ha pasado algo:Se ha ido la puta luz. En el 1er mundo eso supone una molestia, aquí que la incubadora donde han metido a Jamila (así se llama la niña) se apague cuando deje de tronar el generador del hospital. No hay dinero para mantenerlo encendido de noche, así que simplemente se apagará.Por cierto, como van desbordados, en la incubadora de al lado han metido a dos bebés juntos. Uno pesa 1’5kg. El otro 1kg 200 gramos. Si no vuelve la luz, los sacarán por la noche y los llevarán con sus madres. Y a cruzar los dedos.
Desespera ver a los médicos bajar la mirada. Si tuvieran un generador pequeño para la unidad de intensivos, podrían dejar las incubadoras encendidas. Pero solo hay un generador para todo el hospital; demasiado caro mantenerlo encendido. “Si no vuelve la luz, lo tendrán difícil”.Jamila no tiene ni 24h de vida y ya tiene que luchar porque es pobre. Contra cortes de luz y falta de medios -dos enfermeras cuidan a 90 niños hoy- y porque no hay gasofa para su incubadora. Etiopía es un país genial, pero aquí los pobres 1º sobreviven; luego quizás viven”

Enlaces

Una oportunidad para mil Jamilas
Jamila, luchando por cumplir las primeras 24 horas de vida, luchando por sobrevivir
Jamila quiere salir de la incubadora
Para Jamila no hay días de fiesta
Retos desde la esperanza
Felicidades Jamila! La Alegría de la madre nos emociona
Jamila junto a su madre, dos supervivientes piel con piel
Y a los 16 días respiró
Jamila empieza a vivir

Su nombre es hoy

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Los otros refugiados, los nadie

Los otros refugiados, los nadie

Si poco preocupan las personas que buscan refugio en Europa, nada aquellas quienes lo hacen en África u Oriente Medio, muriendo sin que nadie lo sepa, y lo peor, sin querer saberlo.

Del mare nostrum al mar rojo.
Desaparecen ahogados en el silencio, en el olvido, tragados por el mar convertido en un agujero negro, ni la muerte los ensalza, nunca fueron.

Hasta para los refugiados e inmigrantes que mueren en el mar hay clases.
El refugiado ya no tiene refugio ni acogida en esta sociedad, tan sólo enriquece las estadísticas de vidas perdidas en el cementerio de la conciencia humana…

Pero todavía hay algo peor,
Ser invisible, inexistente, completamente ignorado,
Vidas naufragadas que por no contar no cuentan ni en la estadística de muertes.

Ya ni se habla de hombres o mujeres, niños o niñas, embarazadas o no…y el número ya ni importa… para qué…
Son los refugiados del conflicto de la vergüenza, Yemen, son los nadie.

Si Yemen es el conflicto bélico silenciado, más lo son los refugiados que huyen de él y en el intento naufragan en el mar, en algún caso las noticias hablan de muertes, de refugiados ni pizca.

Saltan del país cayendo al mar donde son engullidos: yemenís, etíopes… que más da…

En la imagen, cambiemos los flamencos por personas, y el plumaje rosado por sangre de vidas derramadas en el mar teñido de rojo, ahora más que nunca haciendo honor a su nombre.

El mare nostrum se ha convertido en mare mortum, cementerio de cadáveres convertidos en cifras,
El mar rojo, es el mar de los nadie, que si su vida vale nada, su muerte no cuenta ni en las estadísticas. Es el mare mortum olvidado, el mar rojo, teñido de sangre.

Los nadie:

los hijos de nadie, los dueños de nada.
Que no son, aunque sean.
Que no tienen nombre, sino número.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.
“Eduardo Galeano”

Los nadie, que por no tener ya no tienen ni número

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Las lágrimas invisibles: sin tiempo para llorar

Sin tiempo para llorar, las lágrimas invisibles.

El rítmico latido del corazón de Alamitu se ha ido atrasando como un reloj estropeado hasta detenerse por completo y expirar un último suspiro de vida.

Son las 4 de la madrugada. Después de ofrecer todo el tratamiento posible, oxígeno, cuidados de enfermería, Alamitu acaba de morir.

La mirada se me vuelve translúcida por mis lágrimas ahogadas en el cuenco ocular. Tengo ganas de llorar, más no puedo, no tengo tiempo. Se me escurren las lágrimas que tengo que absorber sin poder llorar ante la llamada de la sala de maternidad.

Es hora de tragarme mis propias lágrimas y salir corriendo hacia la sala de partos. No hay tiempo para llorar, ahora no.

Los escasos metros que separan la sala de pediatría de maternidad se alargan hasta convertirse en kilómetros ante el cansancio acumulado a lo largo del día. Dejando el aliento aplastado en cada paso, con el latido como huella, bajo la oscuridad de una noche sin luna y sin electricidad.

Me sorprende una silueta no esperada. La de una ambulancia rural, una plataforma de madera tirada por un burro. Los gritos de una madre despiertan mi corazón. Postrada de dolor, con las piernas abiertas, un río de sangre mancha la madera. Levanto tímidamente y con delicadeza su falda confirmando todas mis sospechas: está de parto.
Bajo la oscuridad, aparece junto a mí la comadrona que ha acudido al encuentro alarmada por los gritos de dolor de la mujer y con la experiencia de saber que son llantos de parto acude al lugar llevando entre sus manos un kit de parto con todo el instrumental necesario para atender ahora mismo.

No hay tiempo que perder.

La vida se abre paso de cabeza entre los ríos de sangre. La muerte le persigue ya desde antes de nacer pero aquí está la comadrona para vencer el combate, para dar vida.
El halo de la linterna ilumina el canal del parto que se dilata dejando paso al occipucio del nuevo niño que está a punto de nacer.
Las manos de la comadrona, envueltas en blancos guantes estériles, hacen presión en el perineo para evitar el desgarre a la vez que favorece el parto. Empuja. Empuja. Empuja. Empieza a asomar la cabeza.
Asoma por completo la cabeza entre las piernas de la madre y un río de sangre que corre por medio. Estrangulado por su propio cordón umbilical que le envuelve todo el cuello a modo de horca.
En ese momento es donde toma protagonismo la experiencia de la comadrona. Con manos firmes y sin dudar, desenvuelve el cordón umbilical del cuello.

Con otra maniobra desatasca el bloqueo de los hombros y aparece todo el cuerpo.

Pinza y corta el cordón umbilical y se oye el llanto. Bienvenido a la vida. Bienvenido a Etiopía.

Acaba de nacer y es ya una superviviente.

Ahora sí puedo pararme a llorar, pero de Alegría.

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Mientras dormías

Mientras dormías

Cae la noche en Gambo
El astro rey se desmorona por el horizonte, reinando la oscuridad en el rural pueblo de Gambo estos días sin luz.

Descansa el pueblo, pero no todos, en el hospital la actividad continua.

Son los héroes invisibles, trabajadores en silencio que en la oscuridad salvan vidas, mientras otros duermen.

Es el maravilloso equipo de trabajadores de Gambo.

Héroes invisibles que tan pronto traen bebés al mundo bajo la luz de una linterna, como resucitan recién nacidos gracias al nuevo curso de formación recibido de “Helping Babies Breathe”

Y en la unidad terapéutica nutricional sigue la actividad preparando y distribuyendo la leche terapéutica para los niños y niñas con desnutrición cada 3 horas.

La rotación del personal permite garantizar el trabajo durante las 24 horas del día todos los días del año.

Viva la vida,
Con Alegría

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Hay algo mejor que salvar vidas: Enseñar a salvarlas

Hay algo mejor que salvar vidas: enseñar a salvarlas”

Nacer en Etiopía es un reto; sobrevivir a las primeras 24 horas, un desafío. El pediatra Iñaki Alegría Coll habla de su trabajo en el Hospital General Rural de Gambo

IÑAKI ALEGRÍA
Gambo (Etiopía) – 31 MAY 2018 – 00:02 CEST.

Artículo publicado en El País Planeta Futuro

https://elpais.com/elpais/2018/05/29/planeta_futuro/1527602141_306370.html

Mi corazón, de golpe, late con fuerza y está a punto de estallarme el pecho. Todo ha ido bien en el parto de Momina, hasta que, al avanzar
la cabeza del bebé, me encuentro el cordón umbilical estrangulando su cuello débil.

La comadrona, sin embargo, afloja la horca involuntaria con habilidad y el pequeño sin nombre se desliza entre un río de sangre. Un cuerpo flácido, azul como el cielo, llega al mundo, no sabemos si también a la vida. Pinzamos el cordón que une la placenta materna con el bebé y esperamos a que su llanto infle de aire sus recién estrenados pulmones, pero pasa un segundo que se hace eterno y no llega ningún sonido.

Tomamos el cuerpo, inerte, inmóvil, y lo colocamos en la cuna de reanimación. Aparentemente está sin vida, pero entre nuestros dedos podemos sentir el latido del cordón umbilical. Late el cordón, late el corazón del bebé y el nuestro aún más. Está vivo.

Ahora cada segundo que pasa juega en nuestra contra, es un paso atrás de la vida y uno adelante hacia la muerte. Hay que actuar con premura, pero con precisión y profesionalidad.

Tomamos el ambú [el resucitador manual], colocamos de manera hermética la mascarilla cubriendo su boca y nariz y empezamos a apretar, insuflando el aire. La comadrona asume el liderazgo de la maniobra de reanimación. Con decisión, toma el aparato y lOrganización Mundial de la\nSaludo coloca cubriendo la pequeña nariz y los labios, haciendo un sello hermético entre las manos. Segura de su técnica, aprieta con firmeza la bolsa, insuflando la primera bocanada de aire en los pulmones inmóviles del recién nacido.

Uno… dos… tres… cuatro… y cinco. Para. Observa con atención.
El cuerpo empieza a respirar por sí solo. Parece un milagro, sin embargo no lo es; es el conocimiento. Una comadrona bien formada acaba de poner en práctica lo aprendido en el curso de reanimación neonatal.

Con una correcta técnica y maniobras de insuflación, el 90% de los recién nacidos consigue evitar la muerte y graves secuelas como la parálisis cerebral debido a la falta de oxígeno en los primeros segundos de vida.

Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al escuchar el llanto de un nuevo niño que acaba de volver a nacer en el hospital de Gambo, en la Etiopía rural. Tiene apenas 10 minutos de vida y ya ha muerto y resucitado.

Momina, la madre, ha acudido a realizar las cuatro visitas de seguimiento prenatal que aconseja la Organización Mundial de la
Salud, gracias a las cuales hemos garantizado un adecuado seguimiento del embarazo. También le hemos dotado de un suplemento nutricional con ácido fólico para evitar malformaciones del tubo neural, como la espina bífida, que son mortales en la Etiopía rural. Momina ha acudido a Gambo al sentir las primeras contracciones, ha sido atendida durante el parto por comadronas bien formadas, con material estéril y siguiendo correctas medidas de higiene.
Si Mishu hoy en día sigue viva es por la importancia de la formación del personal sanitario y sensibilización de la comunidad. Esto es lo que realizamos en la Etiopía rural.

La mayoría de las muertes tanto maternas como perinatales son evitables. En Etiopía, la mortalidad materna sigue siendo demasiado elevada, alrededor de 412 madres por 100.000 nacimientos, lo que significa que alrededor de 11.000 mujeres mueren cada año al dar a luz. Cada 1.000 nacimientos, 46 niños fallecen antes de alcanzar los 28 días de vida, lo mismo que alrededor de 87.000 cada año antes de alcanzar los 28 primeros días de vida y 97.000 durante el parto.

Nos hemos propuesto un reto: que no muera ninguna madre al dar a luz ni ningún niño al nacer por una causa que podríamos haber evitado. Nuestro lema en lengua oromo es “Haati Takkallee Lubbuu kenuuf lubbuu dhabuu hin qabdu” [Ninguna madre debe morir al dar vida, ningún niño debe morir al nacer].

Iñaki Alegría Coll es pediatra, director médico del Hospital General Rural de Gambo (Etiopía) y fundador de la ONGD Alegría Sin Fronteras

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