
Empatía
Intentar mirar la vida desde los ojos del otro
La empatía empieza cuando dejamos de preguntarnosúnicamente qué pensamos nosotros y hacemos el esfuerzode comprender qué puede estar sintiendo quien tenemosdelante.
No siempre podremos entender por completo la historia del otro.
No conocemos todas sus heridas.
Sus miedos.
Sus pérdidas.
Sus silencios.
Las veces que tuvo que ser fuerte cuando quizá solo necesitaba que alguien le dijera: “estoy aquí”.
Por eso la empatía exige detenernos.
Escuchar más.
Juzgar menos.
Preguntar antes de suponer.
Intentar mirar la realidad desde un lugar que no es el nuestro.
Eso no significa pensar igual.
Podemos discrepar y seguir respetándonos.
Podemos tener historias, culturas, creencias y maneras de entender la vida diferentes y, aun así, reconocer algoesencial:
la humanidad que compartimos.
Ser empático no consiste en tener siempre la respuestaadecuada.
Muchas veces basta con estar.
Con acompañar sin querer arreglarlo todo.
Con escuchar sin preparar inmediatamente nuestrarespuesta.
Con permitir que otra persona se sienta vista, comprendiday reconocida.
Hay una enorme diferencia entre mirar a alguien y verlode verdad.
Verlo significa preguntarnos qué puede haber detrás de sucomportamiento.
Quizá detrás de una mala respuesta haya miedo.
Detrás de una actitud distante, dolor.
Detrás de una persona difícil, una historia difícil.
Nunca sabremos todas las batallas que ocurren en silencio.
Por eso, ante la duda, quizá merezca la pena elegir la bondad.
La empatía también nos recuerda algo profundamenteimportante: nos necesitamos unos a otros.
Nadie atraviesa la vida completamente solo.
Todos necesitamos alguna vez una mano, una palabra, una escucha, una presencia.
Y quizá una de las formas más hermosas de cuidar seahacer sentir al otro que no tiene que explicarlo todo para merecer nuestra comprensión.
Empatía es intentar mirar la vida desde los ojos del otro sin dejar de ofrecerle nuestro corazón.
Porque cuando aprendemos a comprender antes de juzgar, algo cambia.
Cambia nuestra mirada.
Y, poco a poco, también cambia el mundo que construimos juntos.






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