
Ha fallecido el Papa Francisco, el hombre que hizo de la sencillez su trono y de la calle su catedral.
Un Papa que no necesitó coronas doradas porque llevaba en el alma el brillo de la misericordia.
Un Papa que eligió vivir con poco, para caminar con los que no tienen nada.
Francisco no hablaba desde arriba, hablaba desde dentro. Desde el corazón roto de la humanidad. Su voz fue la de los sin voz. Su lucha, la de los descartados. Su sueño, una Iglesia pobre para los pobres.
No predicó desde el mármol, sino desde el polvo del camino.
Tocó llagas, abrazó heridas, se dejó ensuciar por la realidad… porque sabía que allí habitaba Cristo.
Con él, la Iglesia se descalzó. Bajó a las periferias, escuchó el llanto del migrante, el susurro del hambriento, el silencio del que sufre en soledad. Francisco nos enseñó que la fe no se demuestra en los templos, sino en los gestos que dignifican al hermano.
Hoy se nos va un pastor con olor a oveja.
Un revolucionario de la ternura. Un hombre que nos recordó que la verdadera grandeza está en servir, y que no hay santidad sin compromiso con los más pobres.
Gracias, Francisco, por encender la esperanza entre los escombros. Por ponerte del lado de los últimos. Por mirar al mundo con los ojos de los que nunca son mirados.
Descansa en paz, querido Papa de los pobres. Tu huella queda en cada corazón que sigue creyendo que otro mundo es posible, si empezamos por amar a los que el mundo olvida.
Hasta siempre.
Con admiración,
Ahora nuestra responsabilidad es seguir tu camino
Iñaki Alegría


Completamente de acuerdo, siempre recordaré sus palabras que Dios quiere y acoge a TODOS y nos quiere tal y como somos. Gracias a Dios por su pontificado, por su acercamiento y por hacer del Evangelio su Vida. Qué Dios lo tenga ya en sus brazos amorosos de Padre
muchas gracias por tus palabras. Asó es. Descanse en PAz.