Que el hambre no haga las preguntas

Que el hambre no haga las preguntas

Que toda niña pueda preguntar «¿qué comeremos hoy?» sin tener que preguntarse «¿comeremos hoy?».

 

El privilegio de una pregunta inocente

«¿Qué comeremos hoy?», cuando la certeza de comer permite elegir.

Que la pregunta sea qué comeremos hoy

«¿Qué comeremos hoy?»

La pregunta aparece en nuestras casas casi sin darnos cuenta. A veces, frente a la nevera abierta. Otras, de camino al supermercado. Puede expresar hambre, curiosidad o incluso cierto aburrimiento: otra vez lo mismo, esto no me apetece, ayer ya comimos aquello.

Pero basta con quitar una palabra para que todo cambie.

«¿Comeremos hoy?»

En Etiopía, niñas como Misgana todavía viven con esa incertidumbre. No la de elegir un plato, sino la de saber si habrá algo que llevarse a la boca.

No conozco una forma de escribir esa pregunta que la haga menos dolorosa. Tampoco quiero adornarla. Detrás de ella hay una necesidad que no admite espera. El hambre de hoy no se resuelve con una promesa para mañana.

Cuando pienso en Misgana, me pregunto cuánto espacio deja esa incertidumbre para todo lo demás. Para atender en clase. Para jugar. Para imaginar qué quiere ser de mayor. Qué difícil debe de ser pensar en el futuro cuando no está asegurada la comida del día.

Misgana tiene un nombre. Y su vida es mucho más que el hambre que pueda sufrir. Hablar de ella exige recordar eso: no convertirla en una imagen que nos conmueva durante unos segundos y que después podamos olvidar.

Tampoco se trata de sentir culpa cada vez que elegimos qué cocinar. Se trata de comprender el valor de esa elección. De reconocer que algo tan cotidiano para unos sigue siendo una incertidumbre para otros. Y de no aceptar esa distancia como si fuera inevitable.

Alimentarse es un derecho. No debería depender del lugar donde una niña ha nacido ni de que su historia consiga llamar nuestra atención.

Quiero que Misgana pueda preguntar qué comeremos hoy. Que pueda tener un plato favorito, pedir un poco más, dejar algo porque ya está llena. Que la comida ocupe su lugar en el día y permita que después lleguen los juegos, las clases, los planes.

Ese es el cambio que necesitamos: que todas las niñas tengan asegurada la respuesta antes de sentarse a la mesa.

Que ninguna tenga que preguntarse:

«¿Comeremos hoy?»

Deja un comentario

Scroll al inicio

Descubre más desde Cooperación con Alegría

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo