Las redes nos hacen esclavos de la opinión ajena, del ruido informativo y del consumo sin pausa. Nos llenan el tiempo y nos vacían de espacio para pensar.

Las redes nos llenan el tiempo y nos dejan cada vez menos espacio para pensar. Entre opiniones, imágenes y deseos prestados, podemos olvidar nuestra propia voz.
Quizá recuperar la libertad empiece con un gesto sencillo: apagar la pantalla, dejar que el silencio nos acompañe y preguntarnos qué merece de verdad nuestra atención.
Todavía podemos elegir a qué dedicar nuestra vida.
¿Cuándo fue la última vez que te regalaste un momento para pensar sin mirar el móvil?







