Aceptar nuestras limitaciones, descubrir nuestras posibilidades

Aceptar las limitaciones favorece encontrar los potenciales.
Cuesta decir «no puedo». A veces esas dos palabras nos pesan más que el propio cansancio. Nos gustaría llegar a todo, saber qué hacer, tener siempre fuerzas para quienes nos necesitan.
Y cuando no lo conseguimos, podemos tratarnos con una dureza que jamás emplearíamos con alguien a quien queremos.
También a mí me cuesta reconocer mis límites. Hay una parte de mí que insiste en seguir, en resolver, en encontrar una respuesta. Pero voy aprendiendo que necesito mirar con honestidad mis fuerzas, mis conocimientos y mi tiempo. Desde ahí puedo decidir mejor dónde poner mi cuidado.
Aceptar una limitación nos permite empezar desde un lugar verdadero.
Si reconozco que no sé, puedo aprender. Si admito que estoy cansado, puedo descansar y pedir apoyo. Si comprendo que una tarea me supera, puedo buscar a alguien con quien compartirla.
A veces descubrimos nuestras posibilidades precisamente en ese encuentro. Otra persona aporta lo que nos falta y nosotros ofrecemos algo que ella necesita. Así se construye una confianza que nos permite hacer juntos lo que solos no alcanzaríamos.
Mirarnos con más amplitud
Cuando algo nos cuesta, es fácil que ocupe toda nuestra mirada. Un error puede hacernos olvidar años de esfuerzo. Una dificultad puede ocultarnos las capacidades que seguimos teniendo.
Necesitamos tiempo y ternura para vernos de una manera más completa.
Quizá no tengamos facilidad para hablar ante muchas personas, pero sepamos escuchar con atención. Quizá necesitemos más tiempo para aprender algo y podamos aportar paciencia a quienes atraviesan la misma dificultad. Quizá hoy nuestras fuerzas sean escasas y aun así podamos ofrecer una presencia cercana.
Nuestro valor permanece también en los días en que apenas podemos hacer nada. Merecemos cuidado antes de demostrar ninguna capacidad.







