Testimonio de Mahlet
“Pensé que lo había perdido. Cuando nació mi hijo, no lloró. No se movía. Su cuerpecito estaba quieto, sin aliento, sin color. Sentí que el mundo se apagaba. Me quedé paralizada, sin poder gritar, sin poder llorar siquiera. Solo podía mirar a los ojos del equipo que lo rodeaba, mientras luchaban por devolverle la vida.
Vi manos que no temblaban, gestos firmes. Lo reanimaron con conocimiento, con esperanza. Cada segundo era eterno. Hasta que, de pronto, un pequeño suspiro. Y luego, el llanto más hermoso que he escuchado en mi vida.
Mi hijo volvió. Volvió a mí. Hoy, cuando lo miro dormir, cuando lo escucho reír, sé que ese momento marcó nuestras vidas para siempre. No hay palabras suficientes para agradeceros. Yo nunca olvidaré que gracias a vosotros, tengo a mi hijo en brazos.”
Testimonio de Mahlet


