De rodillas ante ti
De rodillas ante tu vida

La medicina no empieza con un diagnóstico,
ni con una prueba,
ni con una bata blanca.
La medicina empieza cuando me arrodillo por dentro.
Cuando dejo mi orgullo en la puerta
y me acerco a ti como quien entra en un lugar sagrado:
tu dolor, tu historia, tu miedo.
Porque un paciente no es un caso clínico.
Es una vida entera pidiendo auxilio.
Un corazón que late con esperanza,
aunque esté cansado de sufrir.
Por eso, antes de hablar… escucho.
Antes de decidir… acompaño.
Antes de tratar… me pongo al servicio.
La medicina es humildad.
Es entrega.
Es amor que se vuelve acción.
Es decir, sin prisa y sin distancia:
“Estoy aquí para ti.
No para juzgarte.
No para medirte.
No para rendirme.
Estoy aquí para servirte.
¿En qué puedo ayudarte?”

