La responsabilidad de vivir

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La responsabilidad de vivir

Lo cierto es que sobreviví. Sobreviví al nacimiento. No me ahogué al pasar por el estrecho canal del parto, a los escasos segundos rompí a llorar insuflando de aire mis pulmones y oxigenando todo mi cuerpo, latiendo y respirando con autonomía, llegando a la vida. Quiero recordar, es justo recordar a las niñas y niños que nacieron el mismo año que yo pero no tuvieron la misma suerte sino que murieron durante el parto o los primeros segundos de vida por asfixia, por falta de oxígeno, por nacer en casa, o en un centro sanitario con escasos recursos…,

¿adivinas cuántos?

Más de 5.000.000 niñas y niños murieron el año que yo nací sin poder vivir más allá de sus primeros segundos de vida. Todavía estoy impactado. ¿Cómo quieres que me quede indiferente ante esta cifra? ¿Ante estas niñas y niños que hoy serían como yo pero que no vivieron más que escasos segundos de vida?

Sin embargo, yo seguí respirando, y latiendo, y aprendiendo, a caminar, a hablar… Y cumplí un mes de vida, y un año…

Y según cuentan celebré mi quinto cumpleaños jugando, riendo, como lo debe hacer un niño que alcanza esta edad.

Hoy quiero volver a recordar a todas las personas que nacieron junto a mí y que deberían haber podido celebrarlo tan solo escasas lo consiguieron.

¿adivinas cuántas?

Más de 12.000.000 no han podido celebrar los cinco años de vida.

 

Pero esto no es todo,

Yo seguí latiendo, viviendo, jugando, comiendo.

Sin ser todavía consciente de lo afortunado que era de tener familia, padre, madre, hermana, recibir cada día el amor y cobijo. Poder comer casa día, caliente, en una casa calidad y llena de amor. Con salud.

Mientras, a mi alrededor, de todas las niñas y niños que nacieron junto a mí, cada día éramos menos.

Mis compañeros de viaje seguían cayendo y muriendo… y yo por mi parte, seguía sobreviviendo…

Sobreviví también a la gran hambruna que azotó en Etiopía cuando tenía escasos años de vida, que se llevó por delante la vida de padres y hermanos, amigos a los que luego conocí.

Murieron miles de vidas inocentes.

Sobreviví a enfermedades como la diarrea, la neumonía, que cada 39 segundos se lleva una vida por delante.

Sobreviví a las guerras, demasiadas,

Darfur, Sudán, Yemen, Siria…

Yemen, Afganistán Siria, Irak, Nigeria, Venezuela, Congo, Colombia, Sri Lanka, Somalia, Palestina, Armenia, Azerbaiyán, Liberia, Sierra Leona, Croacia, Bosnia, Ruanda, Etiopía, Kosovo,

Sáhara occidental, Argelia, Sierra Leona, Angola, Chad, República democrática del Congo, Ruanda, Somalia, Etiopía, Eritrea,

Pakistán, India,

son alguna de las muchas que siguen teniendo lugar en los países olvidados del continente olvidado.

Y podrás pensar que todo esto sucedió lejos, nada más lejos que le error de pensar que no nos atañe lo que pueda pasar en cada esquina y que mata a nuestros hermanos

 

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