En un mundo que nos exige producir más, recuperar nuestra humanidad empieza por…

En un mundo que nos exige producir más, recuperar nuestra humanidad empieza por detenernos, escuchar y hacer del amor una forma de vivir.

En un mundo que nos exige producir más, recuperar nuestra humanidad empieza por detenernos, escuchar y hacer del amor una forma de vivir.

Nos acostumbramos a medir los días por las tareas que terminamos. Corremos de una obligación a otra y, a veces, dejamos para después aquello que más necesitamos: una conversación tranquila, un encuentro, un momento de descanso. Llegamos a la noche con la agenda cumplida, pero sin habernos preguntado cómo estamos.

Detenernos nos permite reconocer el cansancio, mirar alrededor y advertir lo que las prisas nos impiden ver. Quizá alguien cercano lleva tiempo necesitando nuestra compañía. Quizá somos nosotros quienes necesitamos un poco de cuidado.

Escuchar es ofrecer un espacio donde el otro pueda mostrarse como está. Sin exigirle que se anime, sin apresurarnos a aconsejar, sin llevar enseguida la conversación a nuestra propia experiencia. A veces, acompañar consiste en permanecer cerca, aunque no sepamos qué decir.

 

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