Solo poseemos verdaderamente aquello que somos capaces de dar

Solo poseemos verdaderamente aquello que somos capaces de dar

Una reflexión sobre la generosidad, el amor y aquello que permanece cuando todo lo demás desaparece.

Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a confundir la riqueza con la acumulación, el éxito con la posesión y la felicidad con la capacidad de tener cada vez más. Desde pequeños aprendemos a conquistar, conseguir, competir y conservar. Nos esforzamos por llenar nuestras vidas de cosas, experiencias, reconocimientos y seguridades, como si la plenitud pudiera alcanzarse sumando posesiones.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a formularnos una pregunta esencial: ¿qué es verdaderamente nuestro?

Aquello que poseemos puede perderse. Lo que conseguimos puede desaparecer. Incluso nuestra propia existencia, por mucho que intentemos aferrarnos a ella, está atravesada por la fragilidad y la impermanencia.

Quizá por eso, una de las grandes paradojas de la condición humana sea que solo poseemos verdaderamente aquello que somos capaces de dar.

La paradoja de tener y dar

A primera vista, dar parece significar perder. Si entregamos algo, dejamos de poseerlo. Si compartimos nuestro tiempo, disponemos de menos. Si dedicamos nuestras fuerzas a los demás, aparentemente nos quedan menos para nosotros.

Pero esta lógica, tan válida para las cosas materiales, resulta insuficiente cuando hablamos de lo verdaderamente humano.

Porque el amor no funciona como una mercancía. La ternura no se empobrece al compartirse. La esperanza no disminuye cuando la ofrecemos. Y la bondad posee una propiedad extraordinaria: puede multiplicarse precisamente cuando deja de pertenecernos

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