Lo que damos permanece

Lo que damos permanece

A veces confundimos tener con poseer. Llenamos los días de cosas, de proyectos, de pequeñas conquistas, y pensamos que así estamos construyendo una vida más plena.

Sin embargo, hay una pregunta que merece un momento de silencio:

¿qué estamos haciendo con todo lo que tenemos?

«Solo poseemos verdaderamente aquello que somos capaces de dar: lo que acumulamos nos pertenece por un tiempo; lo que entregamos con amor trasciende nuestra existencia».

Dar nos invita a reconocer que algo de lo que está en nuestras manos puede convertirse en alivio, oportunidad o esperanza para otra persona. Podemos dar tiempo para escuchar sin mirar el reloj, conocimiento para que alguien encuentre su propio camino, o compañía cuando las palabras no alcanzan.

Es uno de los caminos por los que el amor perdura: lo recibido encuentra una nueva forma de ser entregado. La paciencia que alguien tuvo con nosotros puede convertirse en la paciencia con la que mañana acompañemos a otra persona.

No sabremos hasta dónde llegará cada gesto. Pero podemos elegir el amor con el que lo hacemos.

¿Qué tienes hoy en tus manos que podría hacer un poco más amable la vida de alguien?

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