Carta de un inmigrante en Etiopía

Carta de un inmigrante en Etiopía

Carta de un inmigrante en Etiopía actualidad africa Racismo refugiados

Estas palabras que estás leyendo las escribe un inmigrante, ilegal, sin papeles. Pero esto no es todo, además traficante de drogas. Te voy a hablar de cuando me descubrieron y cómo me las ingenié para no acabar en la cárcel. Esta es mi historia.

Llegué en avión, aterricé en la capital de Etiopía queriendo no solo cambiar el mundo, sino incluso salvarlo. Te pregunto: ¿sabes cómo me imaginaba Etiopía antes de ir? ¿Qué es lo primero que te viene a la mente si hablamos de Etiopía? Para mí, el cuerno de África y el resto del continente por extensión era un paisaje desértico con poblados de adobe y paja, niños con desnutrición, un país lleno de conflictos, miseria, pobreza.

Aterricé en el aeropuerto de Addis Abeba, y al salir me quedé impactado: lo primero que vi fue una autopista bien asfaltada y llena de coches, edificios bien altos de más de veinte y treinta pisos. Personas bien vestidas, algunas incluso con traje y hablando con un smartphone de última generación. ¿Y sabes que pensé, entonces?

  • Ah, esto no parece África.

No es lo que me esperaba encontrar. No se correspondía con la imagen preconcebida y estereotipada que tenía en mi mente. Tengo prejuicios.

Seguí mi camino hasta llegar al hospital rural donde me esperaban. Una vez allí me presenté al director del centro contento y con muchas ganas:

  • ¡Hola! Soy médico, vengo de “cooperación” a ayudar en lo que haga falta. Puedo visitar niños, adultos, mujeres embarazadas, atender partos, puedo ayudar a limpiar, a cocinar… ¡¡ a lo que sea!!

Imagino que no te sorprende mi carta de presentación con la voluntad de ayudar en cuanto haga falta sin acreditar formación, ya se sabe que en África la buena voluntad es suficiente. Pero ahora imaginaos que, en lugar de llegar a Etiopía, llego a Noruega y me presento al director del hospital nórdico:

  • ¡Hola! Soy médico, vengo de “cooperación” a ayudar en lo que haga falta. Puedo visitar niños, adultos, mujeres embarazadas, atender partos, puedo ayudar a limpiar, a cocinar… ¡¡ a lo que sea!!

¿Qué te parecería?

De entrada, ni se me pasaría por la cabeza presentarme en el hospital nórdico sin el título homologado, pero pensamos que en Etiopía no es necesario. Además, tampoco me presentaría en el hospital europeo como “cooperante”, sino como médico. ¿Entonces, me pregunto, por qué si voy a un país como Etiopía soy cooperante? ¿Quiere decir que estoy etiquetando y calificando de inferior al país?

Otra palabra que me llamó la atención es que en Etiopía era un “expatriado”. Pero en cambio, si un etíope viene a trabajar a España le ¿llamamos también expatriado o quizá… inmigrante?

Después de la presentación le mostré, con orgullo, mi cargamento ilegal de drogas y le expliqué cómo las escondí entre la ropa para pasar el control de aduana. ¿Sabés qué eran? Medicinas. Caducadas, por cierto, pero da igual, son para África y seguro que allí son muy necesarias.

Además de medicamentos traía también ropa, globos y caramelos. ¿Para qué?

  • Ah, sí, son para repartir entre los niños que, aunque tengan muy pocas cosas siempre están sonriendo, y tienen una sonrisa taaan bonita.

Estaba simplificando e idealizando la pobreza. Lo que para mí era la experiencia de mi vida, para ellos es el día a día. No puedo llegar como un rey mago ni afirmando que son felices sin nada.

Y me pregunto: ¿Sería capaz de realizar este viaje sin hacer ninguna foto?

Antes, la cámara de fotos era lo primero, haciendo fotos a diestro y siniestro. Sin embargo, aquí, antes de realizar cualquier fotografía a un menor debemos pedir permiso a los padres y nos deben firmar un consentimiento escrito.

¿Por qué no es así en Etiopía?

Si la respuesta es NO, entonces creo que debería replantearme los motivos para realizar un viaje solidario o de voluntariado.

Durante estos años viviendo en Etiopía me encontré con una Etiopía de la que nunca había escuchado hablar: Hospitales con tecnología puntera recién inaugurados en Addis Abeba, excelentes médicos y profesionales que se graduaban cada año en las más emblemáticas y prestigiosas universidades etíopes…

Es más, ahora, en tiempos de pandemia de COVID-19, quiero destacar la respuesta de Etiopía. Han construido un pabellón con más de mil camas, con respiradores, para tratar a los enfermos en un tiempo récord, un protocolo de aislamiento impresionante: ¿Y si es porque en África realmente lo han hecho mejor?(link is external) 

Pero no debería sorprenderme. O acaso, ¿no me puede entrar en la cabeza que lo estén haciendo mejor?

Te invito a mirar a Etiopía no solo como un país vulnerable y receptor de ayuda.

Sino también como un país del que aprender y compartir experiencias, de un sistema sanitario que está acostumbrado a adaptarse a las epidemias como la de sarampión: Morir por sarampión en tiempos de Coronavirus(link is external)

Después de este primer viaje entendí que la pobreza no estaba en África sino en mi mirada hacia ella. Entendí también que los estereotipos nos separan y nos dividen.

Que vivimos en un mundo lleno de fronteras como una valla o un mar, pero la frontera más peligrosa somos nosotros mismos, son nuestros prejuicios.

No todo vale. No de cualquier manera. La buena intención no es suficiente.

Debemos hacerlo sin paternalismos, con humildad, con respeto, profesionalidad y excelencia:

Volviendo al inicio, todo esto lo he podido hacer, por ser blanco en Europa e irme a África. ¿Qué hubiese sucedido si soy negro en África y me voy a Europa?

Deberíamos actuar como una persona que viaja de un continente a otro. ¿Qué hubiese sucedido si una persona viaja de un continente a otro? ¿Y si una persona viaja de un continente a otro? Ahora no veo diferencia entre las dos frases.

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1 comentario en “Carta de un inmigrante en Etiopía”

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