Mil gracias por este premio y por reconocer lo que significan los primeros mil días de vida.

En esos días, el amor se aprende en gestos pequeños.
Aprendemos a distinguir un llanto de otro, a celebrar la primera sonrisa y a quedarnos un ratito más con un bebé en brazos, aunque ya se haya dormido.
Recibimos este premio con mucha alegría y queremos compartirlo con las familias y con quienes las acompañan.
Porque mientras un bebé descubre el mundo, quienes lo cuidan también necesitan una mano que les prepare la cena, una voz que les pregunte cómo están y un abrazo en una noche larga.
Gracias de corazón por dar valor a esos gestos que tantas veces pasan desapercibidos y que, para alguien que acaba de llegar al mundo, lo son todo.
Llevo muchos años en Gambo y he aprendido algo que ningún libro de pediatría me enseñó del todo: la vida de un niño se juega casi entera en sus primeros mil días. Desde que una mujer descubre que está embarazada hasta que su hijo cumple dos años, cada control prenatal, cada parto atendido a tiempo, cada mes de lactancia y cada plato de comida suficiente es una puerta que se abre o se cierra. Lo que pasa en esos mil días se queda para siempre en el cuerpo, en la mente y en el futuro de ese niño.
He visto demasiadas veces lo que ocurre cuando esas puertas se cierran: madres que llegan tarde porque el hospital queda a horas de camino, bebés que nacen tan pequeños que caben en una mano, niños que dejan de crecer porque el hambre llegó antes que nosotros. Y también he visto lo contrario, que es lo que me hace seguir: una madre que vuelve a la consulta con su hijo sano en brazos y una sonrisa que lo dice todo.
Por eso este premio no es mío. Es de las madres de Gambo, que caminan kilómetros con una confianza que nos obliga. Es de las enfermeras, las comadronas y los médicos etíopes que sostienen el hospital día y noche. Es del equipo de Alegría Sin Fronteras y de cada voluntario que ha dejado aquí un trozo de su vida. Y es de todas las personas que, desde lejos, habéis decidido que el lugar donde nace un niño no debería decidir su destino.
Este reconocimiento es un abrazo y también una responsabilidad. Nos recuerda que todavía hay demasiados niños que no llegan a cumplir esos mil días con las oportunidades que merecen. Y nos da fuerzas para seguir trabajando para que cada embarazo esté acompañado, cada parto sea seguro y cada niño crezca bien alimentado y querido.
Gracias de corazón por creer en este proyecto, por mirar hacia Gambo y por ayudarnos a cuidar el comienzo de la vida.
Seguimos, con más fuerza y con más alegría.
Mil días, mil gracias. ❤️







