811 millones de Ruziyas se siguen preguntando: ¿Comeré hoy?

811 millones de Ruziyas se siguen preguntando: ¿Comeré hoy?

 

Han pasado más de seis años desde que publiqué mi primer artículo en El País.

Lo hice desde Etiopía, en primera línea, impactado y conmocionado por EL HAMBRE.

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Escribí este artículo que empezaba así:

 

Ruziya: “¿Comeré hoy?”

Llega a urgencias Ruziya, una pequeña niña que recordaré el resto de mi vida: el día que llegó y el día que marchó. El día que llegó me heló el corazón. El hielo entró en lo más profundo de mi alma, y el hielo se fue fundiendo hasta arder y convertirse en llama de luz. Aún no lo sabía, pero Ruziya iluminó mi vida, y el día que ingresó entró en mí la semilla de esta luz que estaba germinando sin ser realmente del todo consciente.

Ruziya tiene dos años y un mes de vida, seis kilos y 100 gramos de peso; 76 centímetros de los pies a la cabeza. Perímetro braquial de nueve centímetros. Su peso corresponde a menos del 60% del que debería tener para edad y longitud según las tablas internaciones de la Organización Mundial de la Salud. Llega a urgencias en brazos de la joven Abusha, su madre, que no debe tener más de 16 años. Ruziya no tiene fuerzas para sostenerse en pie.

Aquí tenéis el artículo completo:

https://elpais.com/elpais/2014/12/16/planeta_futuro/1418731896_778676.html

 

 

Cuando se pone nombre, una mirada, una historia personal a los niños y niñas que mueren de hambre no se puede permanecer indiferente Así lo relata este pediatra que lucha a diario contra la desnutrición en Etiopía

 

811 millones de personas no saben si comerán hoy

si esto no es noticia y no abre los titulares ya sabes porqué es.

Porque son vidas de personas pobres, y que coman hoy o no,

que mueran o no, nada importa,

si mueren la economía mundial ni se inmuta.

quizá tienen que morir que la que economía no se inmute

 

El mundo se mueve con la energía de la incineración de los pobres

 

No es que sean pocas,

tampoco muchas,

es que son pobres

y por ello no abren telediarios

no importa si mueren

 

¿El hambre y la desnutrición que existe todavía en muchos países es evitable?

¿Es inevitable?

¿Es justificable?

¿Los 811 millones de personas que no saben si podrán comer son inevitables?

La respuesta a todas las preguntas es que NO

Se puede evitar si actuamos de otra manera

Es una cuestión de opciones y prioridades

 

El problema no es la cantidad de alimentos que es más que suficiente para alimentar todo el mundo, sino en la distribución.

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Cómo dice Martín Caparrós en su libre de imprescindible lectura: “El Hambre”

El hambre

Nada es tan conocido y a la vez tan desconocido, tan cercano y a la vez tan lejano, tan presente y tan ausente, tan sensible y a la vez tan insensible… como el hambre.

 

Todos hemos tenido la sensación de hambre alguna vez, pero no nos podemos ni imaginar lo que es estar muriendo de hambre.

“Hemos vaciado el termino, lo hemos malgastado, lo hemos maltratado, hemos perdido su significado.”

“Un niño que pasa hambre es un niño que se come a sí mismo, el cuerpo que pasa hambre se come”

No nos atrevemos a hablar de hambre, es mejor hablar de inseguridad alimentaria, no nos atrevemos a poner nombre propio, preferimos hablar de frías cifras a halar de los niños que mueren de hambre uno a uno, con nombre, con rostro, con Mirada.
Tampoco nos atrevemos a hablar de hambruna.
Lo peor es la desnutrición crónica, cuando ya hemos normalizado que pasan hambre cada día y por tanto no existen ni se dedica ningún esfuerzo a ellos.
El primer objetivo de cualquier persona es comer.

Me puedo dedicar a escribir todo esto porque no tengo que ocupar todo mi día a cubrir mi primera necesidad, buscar comida, comer.
Viven cada día al borde del abismo.

La estrategia del hambre

Morir de hambre para que otros puedan vivir entre lujos y lujuria.

Es la estrategia del hambre, no es un accidente, no es un desastre natural; es una decisión deliberada, a conciencia.

Sí, quiero matar de hambre a Abdulakim, Natsaneth, Wondimu, Aberash y cientos de niños y niñas para que unos poco se ahoguen de caprichos.

Se ha acabado el hambre por sequías, el hambre por desastres naturales, el hambre inevitable…

La hambruna es creada, evitable.

Y todo esto ocurre en un silencio cómplice abrumador.

Por lo que se ha acabado también sencillamente la asistencia nutricional. Tenemos que denunciar, cuestionarnos el sistema, derrotar el gobierno del egoísmo, de la avaricia, y que gobierne el amor y la solidaridad.

Encontrar la felicidad en la felicidad del prójimo

 

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