Servir sin ruido

Servir sin ruido

Sin cámara.

Sin aplausos.

Sin necesitar que nadie lo sepa.

Hay noches en Gambo en las que el generador falla

y solo queda una linterna,

unas manos,

y un niño que respira despacio.

 

Nadie graba esas noches.

Nadie las publica.

 

Y sin embargo son las que de verdad sostienen todo lo demás.

Nos hemos acostumbrado a medir el Amor por lo que se ve.

Por lo que se comparte.

Por lo que suma seguidores.

 

Pero el Amor que de verdad transforma

casi nunca tiene testigos.

 

Es la madre que camina dos horas con su hija en brazos.

Es la enfermera que se queda un turno más sin que nadie se lo pida.

Es la mano que sostiene otra mano en la oscuridad,

sin saber todavía si habrá un final feliz.

Servir sin ruido no es servir menos.

 

Es servir sin condiciones.

Y quizás ahí está el verdadero secreto:

no en que el mundo vea lo que haces,

sino en que lo hagas igual aunque nadie mire.

Con Alegría.

 

Dos grandes profesionales y dos grandes personas

Hospital General Rural de Gambo, Etiopía

 

3 comentarios en “Servir sin ruido”

  1. Gracias a quienes sirven con discreción y dejan que el trabajo hable por sí mismo. Admiro la humildad de acompañar sin apropiarse de los logros ajenos. Es una manera de cooperar que merece ser protegida y compartida.

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