No he llegado solo

No he llegado aquí solo.

No he llegado solo actualidad Voluntariado en África World Health Assembly WSA

Y ahora quizá pensarás en Andreu, en Pol, en tantas personas maravillosas que han abierto puertas, empujado sueños y creído cuando aún parecía imposible.

Y no te equivocarás.

Son imprescindibles.

Pero antes de ellos está mi amada mujer.
Están mis dos hijas, las mejores hijas del mundo, que me enseñan cada día qué significa amar sin medida.

Pero antes aún están mi padre, mi madre, mi hermana, toda mi familia.

Está una infancia llena de amor, de felicidad, de tranquilidad, de paz.

Una infancia que me permitió crecer creyendo que los sueños podían hacerse realidad.
Que si uno luchaba, trabajaba, se esforzaba y no se rendía, podía llegar lejos.

Y ahí está la gran verdad que nunca debemos olvidar:

Yo pude soñar porque otros me sostuvieron.
Yo pude creer porque otros me dieron seguridad.
Yo pude avanzar porque tuve una casa, una familia, comida, escuela, salud, amor.

Pero mientras yo soñaba con hacer realidad mis sueños, otros niños en el mundo no podían soñar.

Porque estaban luchando por comer.
Por beber agua limpia.
Por sobrevivir a una neumonía, a la desnutrición, a una malaria, a una infección que aquí se curaría en unas horas.

Mientras algunos niños crecen preguntándose qué quieren ser de mayores, otros solo pueden preguntarse si llegarán vivos al día siguiente.

Y esto tenemos que entenderlo.

No para sentir culpa.
Sino para sentir responsabilidad.

Porque nadie llega solo.
Nadie se salva solo.
Nadie debería tener que vivir ni morir solo.

Si yo he recibido tanto amor, tanta paz, tantas oportunidades, no puede ser solo para mí.

Tiene que convertirse en servicio.
En justicia.
En compromiso.
En manos tendidas.
En salud para todos.
En tecnología al servicio de los últimos.
En una vida que diga, con hechos y no solo con palabras:

ningún niño vale menos que otro.

No he llegado aquí solo.
Y precisamente por eso no quiero avanzar solo.

Quiero caminar con todos los que creen que un mundo mejor no solo es necesario.

Es posible.

Y empieza cuando entendemos que el privilegio no es una culpa.

Es una llamada.

Una llamada a amar más.
A servir mejor.
A devolver al mundo un poco de todo lo que hemos recibido.

Porque al final, hacer realidad nuestros sueños solo tiene sentido si ayudamos a otros a seguir vivos para poder soñar también.

Y no he hecho nada para merecerlo

Deja un comentario

Scroll al inicio

Descubre más desde Cooperación con Alegría

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo