Nos hemos equivocado de pregunta.
La pregunta no es:
¿Qué voy a hacer con mi vida?
La verdadera pregunta es:
¿A quién voy a entregar mi vida?
Porque mi vida solo encuentra sentido cuando deja de girar alrededor de mí.
Mi vida tiene sentido en los otros.
En la entrega.
En el amor.
En el servicio.
Quizá por eso hoy tantas personas han perdido el sentido de la vida: porque lo estamos buscando dentro de nosotros mismos, encerrados en nuestro propio yo, cuando el verdadero sentido de la vida está fuera de nosotros.
Está en el rostro del otro.
En la herida del que sufre.
En la mano que necesita ser sostenida.
En la vida que espera ser cuidada.
No se trata solo de vivir.
Se trata de entregarse.
Porque una vida que no se entrega, se encierra.
Y una vida que se entrega, florece.






