FELIZ NAVIDAD
Por qué digo “Feliz Navidad”,
no “felices fiestas”

Vivimos tiempos en los que nombrar parece incomodar. Como si decir las cosas por su nombre fuese una forma de excluir, cuando en realidad suele ser justo lo contrario: nombrar es reconocer.
En Navidad diré Feliz Navidad, no “felices fiestas”.
No por imposición, ni por nostalgia, ni por confrontación cultural. Lo diré porque la Navidad tiene un significado concreto: el nacimiento de Jesús. Y reconocerlo no borra a nadie, no hiere a nadie, no resta derechos a nadie. Simplemente dice la verdad de una religión.
Del mismo modo, cuando llegue el nacimiento del profeta del islam, Mahoma, diré Mawlid an-Nabi.
Y cuando termine el mes sagrado del Ramadán, diré Eid al-Fitr.
Del mismo modo, cuando empiece el Ramadán no diré “Felices Fiestas, diré “Ramadán Mubarak”.
Utilizar fórmulas genéricas diluyen lo que en realidad es profundamente valioso para millones de personas. Porque el respeto no consiste en uniformar el lenguaje hasta vaciarlo de contenido.
El respeto consiste en aprender los nombres, pronunciarlos con cuidado, y usarlos con dignidad.
Nombrar bien es un acto ético.
Es decir: sé quién eres, sé qué celebras, y lo reconozco.
La diversidad no se construye borrando identidades, sino conviviendo con ellas. No se protege ocultando lo que somos, sino compartiéndolo sin miedo y sin imponerlo. Decir “Feliz Navidad” no me hace menos respetuoso; me hace más honesto. Y decir “Eid Mubarak” cuando toca no me hace menos cristiano; me hace más humano.
He trabajado y vivido con personas musulmanas, cristianas, judías y de muchas otras religiones. He celebrado con ellas nacimientos, duelos, fiestas y ayunos. Y he aprendido algo esencial: cuando llamas a una celebración por su nombre, la haces visible; cuando la diluyes, la invisibilizas.
Por eso no diré “felices fiestas” como fórmula neutra que pretende contentar a todo el mundo y acaba no reconociendo a nadie. Diré Feliz Navidad en Navidad. Diré Mawlid an-Nabi cuando sea Mawlid an-Nabi. Diré Eid al-Fitr cuando termine el Ramadán.
Y cuando alguien celebre algo distinto a lo mío, haré lo mismo: respetar nombrando.
Porque la convivencia no necesita silencios incómodos ni palabras vacías.
Necesita verdad, conocimiento y una profunda voluntad de encuentro.
Nombrar no es imponer
Decir “Feliz Navidad” no obliga a nadie a creer en la Navidad.
Decir “Mawlid an-Nabi” no convierte a nadie al islam.
Decir “Eid al-Fitr” no exige ayunar en Ramadán.
Decir “Feliz Navidad”, “Ramadan Mubarak” no hace a nadie cristiano ni musulmán, pero muestra respeto, aprecio, y tiende puentes.
Nombrar no es imponer, es describir. Es reconocer que una persona o una comunidad celebra algo concreto, con un sentido profundo, con una historia, con una espiritualidad. El problema no está en el nombre, sino en la falta de respeto; y el respeto no se logra callando, sino hablando bien.






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