Gaza, un 11-M cada día: el infierno cotidiano que vive la sanidad bajo las bombas

Raúl Incertis, anestesiólogo y médico de urgencias en Gaza:


“Teníamos eventos con múltiples víctimas varias veces al día.

Era como vivir un 11M cada día”.

 

“Los sanitarios viven en campos de desplazados, todos han perdido familiares… Cuando terminan de trabajar, vuelven a sus tiendas, en una zona que es bombardeada y que no debería serlo. Sus días libres no son de descanso, porque tienen que ir a buscar leña, harina y agua”.

“Hay estimaciones que hablan de que entre 60.000 y 100.000 enfermos crónicos de riñón, de corazón o pacientes con cáncer habrían muerto por no haber podido acceder a estructuras sanitarias”.

“Al profesional sanitario que se desplaza a un lugar con la intención de ayudar, le recomendaría que los primeros días o semanas observe cómo funcionan las cosas, sobre todo, sin juzgar”.

El médico valenciano Raúl Incertis (Madrid, 1982) ha trabajado cuatro meses en Gaza como integrante de los equipos médicos de emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo ha hecho en el Hospital Nasser, en el sur de la Franja de Gaza, donde ha visto morir a muchas personas y ha tenido que atender las consecuencias de una violencia extrema: pacientes con disparos en la cabeza y el tórax, mutilados, quemados por los bombardeos… Muchos eran niños y jóvenes. No era su primera vez en Gaza. Fue en octubre de 2023 con Médicos Sin Fronteras, solo cuatro días antes del ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre. Tras tres semanas huyendo de las bombas, fue evacuado a España, pero siempre tuvo claro que volvería. Lo hizo en abril de 2025 con la ONG canadiense Gliua. Le entrevistamos a finales de noviembre de 2025, coincidiendo con su participación en la jornada anual de la sección de Médicos Cooperantes del CoMB. Con un relato sereno y visiblemente emocionado, nos explica cómo es ejercer la medicina para una población exhausta por la violencia y con el sistema sanitario prácticamente destruido.

¿En qué momento decidiste que te marchabas a Gaza?


Decidí ir a Gaza después de dos misiones con la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Afganistán en 2020 y en Yemen en 2021. La misión en Gaza debía ser normal. De hecho, debía ser de las buenas. Ni en Afganistán ni en Yemen, por cuestiones de seguridad, tenías posibilidad de salir del recinto hospitalario durante tu estancia. En Gaza, en cambio, sí podíamos salir. Llegué a Gaza el 2 de octubre de 2023 para un proyecto de cirugía electiva de traumatología, ortopedia y cirugía reconstructiva de hombres y chicos jóvenes mutilados. Eran chicos que iban a la valla a lanzar piedras al otro lado, a Israel. Los soldados les disparaban en las piernas con balas especiales. Una vez estabilizados, eran trasladados a un hospital de MSF y allí, de manera tranquila, procedíamos a realizar las cirugías para reparar los destrozos. Estuve solo cuatro días en el hospital, hasta el 7 de octubre. Los cooperantes internacionales que estábamos en Gaza acabamos todos juntos. Éramos unas 30 personas de distintas ONG. Cambiamos de lugar cinco veces en tres semanas, huyendo sobre todo de las bombas. Y fuimos los primeros evacuados.

¿Cómo es ser médico en Gaza? ¿O quizá debería preguntarte cómo se puede ser médico allí?


Es muy difícil. Yo soy médico de urgencias y anestesiólogo, así que trabajaba en urgencias y en quirófano. Es muy duro porque todos los pacientes que llegan están mutilados por metralla o han sido disparados expresamente por el ejército israelí. Son civiles mutilados de las formas más abyectas posibles o disparados en la cabeza o el tórax. Lo segundo que llama la atención es el volumen de pacientes que llegan cada día, es impresionante. Siguen llegando incluso con el alto el fuego. Sobre todo a partir de junio de 2025, con la apertura de una distribución de comida organizada por Estados Unidos e Israel, teníamos eventos con múltiples víctimas varias veces al día. Era como vivir un 11M cada día. Es muy complicado ejercer la medicina allí por el tipo de pacientes, muchos de los cuales son niños, y por el volumen. También por la inseguridad que sientes en un hospital que, mientras yo estuve allí, fue atacado seis veces. No acabas de sentirte tranquilo.

¿Cómo lo viven tus compañeros, los médicos y profesionales sanitarios gazatíes?


Todos mis compañeros son también víctimas. Todos viven en campos de desplazados porque no tienen casa, todos han perdido familiares de primer o segundo grado, algunos han perdido a todos sus hijos, y llevan dos años así, trabajando de esta manera… Aunque no lo expresen claramente, todos tienen síntomas de estrés postraumático, como el resto de los gazatíes. También síntomas de burnout. Trabajan mucho, hacen turnos de 60–70 horas semanales con este tipo de pacientes. A veces tienen que atender a familiares o amigos, con una gran escasez de medios y el hospital totalmente saturado. Cuando terminan de trabajar, tienen que ir a sus tiendas de campaña en la zona humanitaria de Al Mawasi, una zona que es bombardeada por el ejército israelí y que no debería serlo. Sus días libres no son días de descanso. Tienen que ir a buscar leña porque no hay gas, también harina y agua. Tienen que pasar tiempo con sus hijos porque desde hace dos años no hay escolarización. Y los niños se estresan mucho con esta situación, y los padres también. Mis compañeros no llegan a descansar de verdad. Además, como no hay comida o hay muy poca, sus cuerpos están agotados.

Y además, todo esto sin ningún apoyo psicológico y/o emocional…


No lo hay para ellos ni para nadie. Las enfermedades mentales están aumentando mucho en Gaza, es algo que se ve a simple vista. No hay datos oficiales, pero Gaza antes tenía solo dos salas de hospitalización psiquiátrica que ahora ya no existen. Todos los pacientes psiquiátricos de antes están ahora solos. Hay muchos nuevos pacientes psiquiátricos como consecuencia del estrés continuado… Ves a mucha gente brotada por la calle.

¿Qué dispositivos asistenciales quedan en Gaza y con qué medios se trabaja? Has comentado que solo quedan tres hospitales públicos y que la escasez de recursos es grande…


El sistema sanitario ha sido destruido como tal. Había unos 15 o 16 hospitales públicos en Gaza y ahora solo quedan tres, y funcionando parcialmente. Había unos 15 hospitales privados y también quedan pocos. Centros de salud, consultorios… todo eso se ha reducido a menos de un tercio de lo que había, en algunos casos incluso más. El sistema sanitario de Gaza antes era un sistema que estaba bien, dadas las circunstancias. Ahora ya no. La gente muere en las tiendas de campaña, no va a los hospitales cuando tiene un dolor torácico… No se conocen las cifras porque es difícil saberlo, pero hay estimaciones epidemiológicas que hablan de que entre 60.000 y 100.000 personas habrían muerto por no haber podido acceder a estructuras sanitarias: enfermos crónicos de riñón, de corazón, pacientes con cáncer…

Gestionar esto como médico debe de ser muy complicado…


Sí, lo es. Sobre todo es un problema de acceso. Una vez estás en el hospital, mejor o peor, te podrán atender. Pero claro, una persona que está a 7, 10 o 15 kilómetros del hospital más cercano y que tiene un problema de salud no podrá desplazarse como antes. Es muy peligroso desplazarse.

Durante tu estancia en Gaza has hecho una labor divulgativa muy importante a través de fotografías, vídeos y notas de voz que publicabas en redes o enviabas a periodistas como Almudena Ariza, de Televisión Española. Teniendo en cuenta que Israel no permite la entrada de prensa internacional, ¿qué importancia tenía esto para ti?


Para mí, contarlo era la segunda cosa más importante después de atender a los pacientes. Al mismo tiempo que los atendía intentaba llevar un registro fotográfico de la mayoría de ellos. Los médicos extranjeros tenemos una tarea forense que consiste en rellenar unos formularios diarios de los heridos que hemos atendido y enviarlos a la OMS. Pero los médicos que queríamos podíamos hacer fotografías de lo que veíamos y atendíamos, con el permiso de los directores de los hospitales. Esta tarea es fundamental porque allí no entra prensa extranjera. La indignación que sientes es tal, lo que ves es tan sobrecogedor, que creo que sale de forma natural intentar registrarlo. Es una sensación que te hace pensar: esto tiene que quedar grabado de alguna manera, porque quizá alguien después lo escuchará y lo verá. Afortunadamente, casi desde el inicio de mi estancia allí, la periodista Almudena Ariza se puso en contacto conmigo y consideró valioso que le fuera enviando información, notas de voz y fotografías. Y eso también me ayudó mucho como válvula de escape, porque este tipo de vivencias no las sueles explicar ni a la familia. Les maquillas la realidad porque es muy dura. A ella, en cambio, sí podía explicárselo. Me daba energía saber que estaba interesada en lo que yo podía contarle. De pequeño quería ser reportero, así que lo fui un poco…

Gaza, un 11-M cada día: el infierno cotidiano que vive la sanidad bajo las bombas África

10 comentarios en “Gaza, un 11-M cada día: el infierno cotidiano que vive la sanidad bajo las bombas”

  1. antalya province Travelshop Booking exceeded my expectations with their high-quality service and attention to detail. From the moment we were picked up until the last stop of the tour, everything was handled smoothly. The guide shared fascinating facts and stories, which made every location more meaningful. The group size was ideal, creating a comfortable atmosphere throughout the day. I felt safe, well taken care of, and fully satisfied with the overall experience. I would absolutely recommend their tours to anyone. https://robertoskitchen.com/?p=7249

Leave a comment

Scroll to the top

Learn more from Cooperación con Alegría

Subscribe now to continue reading and get access to the full archive.

Continue reading