Periodistas, sanitarios y docentes, convertidos en objetivo de guerra en Gaza
El ataque a la comunidad profesional atenta contra el derecho internacional humanitario. Es urgente que se permita el acceso a servicios básicos como la salud en el territorio palestino.
En tiempos de conflicto, la peor enfermedad a la que nos enfrentamos como ciudadanía es la indiferencia; indiferencia ante las pequeñas miserias del día a día, que nos afectan como individuos, e indiferencia ante los sucesos atroces que nos interpelan como sociedad y ante los cuales el silencio y la inacción no pueden, ni deben, ser una opción.
Por la propia naturaleza de las profesiones, quienes las ejercen o han ejercido saben que es imposible separar el bienestar de una persona del bienestar de su familia, de su comunidad y, por ende, del bienestar del mundo. Una realidad compartida y un principio esencial que se hace más patente, si cabe, en contextos extremos —conflictos armados, catástrofes ambientales— en los que la prohibición u obstrucción del ejercicio profesional atenta contra la dignidad de las personas e impacta de manera decisiva en sus cuerpos, en sus vidas.
Como ya hemos señalado en otras ocasiones, Gaza no es una cuestión política. La resolución del conflicto es una cuestión de dignidad humana. No hay nada, absolutamente nada, sea esta una creencia política, filosófica o religiosa que esté por encima de la dignidad del ser humano. Es nuestro deber, nuestra obligación, proteger a los más frágiles.


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