¿Y si cambiar el mundo empezara por cambiar nuestra manera de mirarlo?

Quizá el mayor cambio que necesita el mundo no sea tecnológico, económico ni político.
Quizá sea humano.
Porque antes de transformar una realidad, siempre transformamos una mirada.
Cuando dejamos de ver estadísticas y empezamos a ver personas.
Cuando dejamos de hablar de “los pobres”, “los migrantes”, “los enfermos” o “los refugiados” y comenzamos a descubrir nombres, historias, familias, sueños y una dignidad infinita.
Cuando dejamos de preguntarnos «¿qué puedo hacer por ellos?» y empezamos a preguntarnos «¿qué podemos construir juntos?».


