Voces de Esperanza
Muy buenos días queridas y queridos cooperantes
Escuchar los testimonios de las trabajadoras etíopes y del pueblo es una fuente de inspiración y aprendizaje invaluable. Sus experiencias reflejan no solo los desafíos cotidianos que enfrentan, sino también la resiliencia, la sabiduría y la fuerza que caracterizan a las comunidades locales.
Cada historia compartida ayuda a entender mejor sus necesidades, sueños y formas de enfrentar la vida, enriqueciendo así el enfoque de las intervenciones de salud y desarrollo. Además, es una manera de darles voz, empoderarlas y reconocer su papel fundamental en la transformación social y comunitaria.
Testimonio de Almaz, trabajadora sanitaria comunitaria
“Nunca imaginé que algún día sería capaz de salvar vidas. Antes, solo veía morir a los niños por cosas que no entendía. Ahora, gracias a la formación que recibí, puedo enseñar a las madres cómo prevenir enfermedades. Recuerdo a un bebé que llegó casi sin vida por neumonía. Su madre lloraba desconsolada. Pero después de tratarlo con lo que aprendí, ese bebé se recuperó. Hoy lo veo correr y jugar, y sé que mi trabajo tiene un propósito.”
Testimonio de Aster, madre de familia
“Cuando mi hijo enfermó gravemente, pensé que lo iba a perder, como ya había perdido a dos antes. Pero esta vez fue diferente. Fui al centro de salud, y las personas allí nos trataron con tanto cuidado. Me enseñaron cosas simples que no sabía, como hervir el agua y dar comida adecuada. Ahora mi hijo está sano, y yo enseño a otras madres lo que aprendí. Nunca olvidaré las manos que nos salvaron.”
Testimonio de Kedir, joven estudiante
“De niño, veía morir a mis amigos por cosas que ahora entiendo que eran evitables. Siempre soñé con ser médico para ayudar a mi comunidad. Gracias a la oportunidad de estudiar y al apoyo que recibí, estoy a punto de graduarme. Mi sueño es volver al pueblo y asegurarme de que ningún niño tenga que morir por falta de atención. Ustedes nos mostraron que con educación y esfuerzo, el cambio es posible.”
Testimonio de Genet, trabajadora de una granja comunitaria
“Antes, apenas podía alimentar a mis hijos. Dependíamos de las lluvias y de la suerte. Con el programa de formación y la cooperativa agrícola, aprendí a cultivar mejor y a almacenar alimentos. Ahora, no solo alimento a mi familia, sino que vendo en el mercado y envío a mis hijos a la escuela. Mi hija dice que quiere ser doctora, y yo creo que podrá lograrlo.”






