Gracias por un día inolvidable

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Hay días que se quedan para siempre en el corazón.

Días que, sin esperarlo, se convierten en luz.

Ayer fue uno de esos.

No tengo palabras suficientes para agradecer la maravillosa acogida que he recibido en las visitas y en la firma de mis libros.

Cada mirada, cada abrazo, cada palabra… han sido un regalo que me llevo conmigo, un bálsamo que reconforta el alma tras tantos días difíciles vividos lejos, en tierra etíope, donde la vida se abre paso entre el dolor y la esperanza.

Ver cómo mis palabras encuentran eco en otros corazones es una de las experiencias más conmovedoras que puedo vivir. Sentir que lo que uno escribe, desde lo más profundo, desde la verdad y la vivencia, toca y emociona, es un privilegio que no dejaré de agradecer.

Gracias por hacerlo especial.

Gracias, Por deteneros, por acercaros, por compartir vuestros pensamientos y sentires conmigo. Por hacerme sentir en casa.

Gracias por Vuestro cariño que ha sido como ese abrazo inesperado que te envuelve y te recuerda que no estás solo. Que hay muchos corazones latiendo al unísono. Gracias por ser parte de este camino. Por hacerlo más humano, más cálido, más verdadero.

Gracias por estar, por venir, por acompañarme.

Gracias por regalarme un trocito de vuestra vida, por compartir conmigo emociones, historias, silencios… por hacerme sentir que lo que escribo no se queda en las páginas, sino que cobra vida en vuestras almas.

Gracias porque Cada firma de libro fue mucho más que una rúbrica. Fue un encuentro. Un cruce de caminos. Una conversación sin prisa entre corazones que se reconocen. Me hablasteis de cómo mis palabras os han tocado, de cómo os han hecho pensar, sentir, recordar… Y yo os escuchaba con una mezcla de asombro, humildad y gratitud inmensa. Porque al final, uno escribe para no olvidarse, para entenderse, para sostener lo vivido. Pero cuando descubre que esas palabras también sostienen a otros, el sentido se multiplica. La misión se renueva.

Vuestras voces, vuestros gestos, vuestra emoción me dieron más de lo que nunca podré daros. Me habéis regalado uno de esos días que dan sentido a todo. Que justifican el cansancio, el esfuerzo, las noches en vela, las horas frente a la página en blanco, las dudas, los miedos. Porque ayer, cada sacrificio tuvo su razón. Ayer, todo cobró sentido.

Gracias por hacerme sentir acompañado, comprendido, abrazado.

Gracias por darme tanto sin esperar nada. Por confiar, por abrir vuestro corazón, por convertiros en parte de este camino que no quiero recorrer solo. Porque lo vivido en Gambo, en Etiopía, en cada historia de lucha y esperanza que intento transmitir, se vuelve más real, más profundo, más humano cuando lo compartimos. Cuando se transforma en un puente entre almas.

Ayer no fue solo una firma de libros. Fue una celebración de la vida. Una fiesta del encuentro. Un canto a la esperanza.

Y por todo ello, solo puedo decir:
Gracias.

Gracias.

Gracias.

Seguiré escribiendo, seguiré compartiendo… porque vosotros le dais sentido.

Con el corazón lleno,


Iñaki Alegría

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