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Hablar de África y Coronavirus o El peligro de caer en los estereotipos al querer hablar de romperlos

Hablar de África y Coronavirus o El peligro de caer en los estereotipos al querer hablar de romperlos

Los titulares del Coronavirus en África son esperanzadores, y pensaba que también positivos antes de compartirlos con mis colegas etíopes y que me desconfinaran la mirada y me mostrasen los tintes colonialistas.

“A nosotros nos sorprende que el Coronavirus esté causando miles de muertos en España e Italia. A vosotros os sorprende que no los esté causando en África. Nosotros habíamos idealizado la fortaleza de Europa. Vosotros habíais infravalorado la capacidad de respuesta de África.” Así de contundente me ha dado respuesta la Dra. Samrawit , la primera doctora residente en Gambo proveniente de Addis Abeba.

“Cada vez que leo una noticia positiva sobre África ya sé que van a hablar de algo acerca de romper estereotipos. Eso me molesta. Quizá sea el momento en el que hablar sobre algo positivo de África ya no signifique romper estereotipos.” me comenta con voz serena, pero en la que puedo percibir cierto enojo en su tono. Y tras una breve pausa prosigue. “En mi caso. Soy mujer. Soy etíope. Soy doctora. Quiero hacer la especialidad de cirugía. Parece que las mujeres como yo rompemos estereotipos tan solo con existir.  Hasta que no entendamos que hablar de África en positivo no implica hablar de romper estereotipos, no conseguiremos acabar con ellos.” Samrawit, me habla con calma pero con palabras firmes.

Las palabras de la Dra Samrawit me hacen reflexionar.  Su voz no es la única que se escucha, la suya es tan solo un ejemplo de la mentalidad de jóvenes etíopes que me hacen reflexionar y con sus palabras contribuyen a derribar los muros que todavía envuelven mi mirada y mentalidad heredadas de una educación recibida en un país blanco, europeo y colonizador. El continente se ha liberado de la época colonial pero aún persiste una historia de África construida desde fuera, una imagen del continente basada en lo que le falta, no en lo que tiene.

Samrawit, es una de las muchas personas que he conocido en Etiopía y me ha hecho ver que debo descolonizar mis pensamientos. Llegué a Etiopía por primera vez hace más de ocho años, y lo hice con una mentalidad superior, pensando que tenía algo que ofrecer y con una equivocada visión del voluntariado y la cooperación (“Consejos que hubiese agradecido antes de ir de cooperación”). No es malo ofrecer. El problema es cuando pienso que eso que tengo que ofrecer es porque ellos no lo tienen. Por supuesto, quiero seguir ofreciendo a Etiopia, un país que me ha enamorado, pero no porque ellos no lo tengan, sino ofrecer como podría ofrecer en Noruega, por decir algo.

También debo mencionar el trabajo que está realizando el Dr Firaol, un joven médico etíope que estudió en el Saint Paul’s Hospital de Addis Abeba. Nos conocimos en el Hospital de Gambo, cuando vino a trabajar durante un año dentro de un marco de colaboración nacional entre el hospital rural y el de la capital. Un programa de cooperación nacional en el que cada año tres médicos recién licenciados realizan una estancia de un año en el hospital rural y de este modo completan su formación, a la vez que aprenden otra realidad y nos ayudan a cubrir el déficit de médicos que tenemos en Gambo.

“Estamos acostumbrados a trabajar durante epidemias.  No es la primera vez que trabajo en un hospital de campaña, ni tampoco en un hospital que se ha reorganizado completamente para atender una epidemia.”  me cuenta Firaol. “En el Hospital de Gambo he aprendido a trabajar en una emergencia continua, a combatir una epidemia de sarampión, a atender partos complicados, a realizar una correcta reanimación neonatal, a ver morir madres en el momento del parto. He descubierto una nueva Etiopía que desconocía dentro de mi propio país.”

Ahora está colaborando en la creación del hospital de campaña en la capital con 1000 camas para atender a las personas con COVID19 en el pabellón Millenium Hall, el pabellón que acogió la celebración de la paz entre Etiopía y Eritrea que llevó al primer ministro Abiy Ahmed a ganar el premio Nobel de la Paz.

Aún es pronto para extraer lecciones y conclusiones, pero sí que es una invitación a mirar a África, no solo para hablar de hambruna, miseria, pobreza… sino también para aprender mutuamente y compartir experiencias en el manejo de epidemias, pandemias y políticas sanitarias… pero no como la excepción, tampoco para romper estereotipos, sino quizá como la nueva normalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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