Àfrica, Diario de Etiopía, Gambo, Historias sin techo

La importancia del segundo fonendoscopio

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La importancia del segundo fonendoscopio

“Tienes dos fonendoscopios: uno para escuchar el corazón de los niños enfermos. Otro para escucharnos a nosotros, los trabajadores del hospital de Gambo.”

Son las dos de la madrugada, acabo de regresar a mi cuarto después de una ronda nocturna por el hospital para evaluar la situación. Ha sido un día muy duro, el hospital colapsado de niños enfermos y graves, atendiendo sin demora uno tras otro. Una jornada agotadora.

“Siempre hay tiempo para un gesto de amor, y ese gesto te pude alegrar el día y hacerte pensar que todo ha valido la pena.” Me encuentro a un enfermero que comparte conmigo estas palabras. No las olvidaré, sin duda. Y es cierto. Tengo dos fonendoscopios. Uno para escuchar a los niños y otro para los trabajadores.

“Estoy aquí para serviros, para escuchar vuestros problemas y hacerlos míos. Tenemos un mismo objetivo: mejorar la salud de nuestra comunidad. Y vosotros, queridos trabajadores sois las personas más importantes, y por ello os debo cuidar, velar por vuestros derechos, por vuestras condiciones de trabajo, cuidar a quien cuida.” Les digo.

Al fin me acuesto en la cama, agotado tras un día intenso. Son las dos de la madrugada. Cierro los ojos pero no consigo conciliar el preciado sueño. Por mi mente no paran de correr los pensamientos e imágenes de todo lo vivido hoy: pienso en Ruziya si estará vomitando, si Tsahay seguirá con su abundante diarrea acuosa… No puedo evitarlo. No puedo olvidarme de ellos. Sé que están en buenas manos, bajo el cuidado del personal de enfermería, sé que siempre que sea necesario me llamarán sea la hora que sea, así lo han ido haciendo, confío en ellos, pero no puedo evitar seguir preocupándome. No consigo conciliar el sueño.

No podemos abandonar una de las cualidades que nos hace humanos. Los seres humanos tenemos la capacidad de abstraernos de nosotros mismo y proyectarnos empáticamente en la mente de otros.

No he conseguido conciliar el sueño cuando oigo fuertes golpes en la puerta de la habitación. Cuando llaman a media noche es una urgencia grave. En el hospital hay tres turnos de enfermería que garantizan atención continuada las 24 horas todos los días del año. Los distintos médicos hacemos turnos de guardias nocturnas. Abro la puerta, en medio de la oscuridad me deslumbra la linterna que sujeta Kedir. Puedo ver la cara de preocupación en su rostro:

–Acaba de llegar en un carro tirado por un burro una mujer embarazada sangrando.

Antes de que termine la frase, nos encontramos ya los dos corriendo a través de la oscuridad hacia el hospital. Es una urgencia vital. Hay dos vidas en juego: la madre y el bebé.

La matrona coloca una vía y suero salino a chorro pues la mujer está entrando en shock por la gran cantidad de sangre que está perdiendo. ¡Necesitamos sangre ya mismo!

Con el fetoscopio puedo escuchar el lento latido fetal. No nos podemos demorar. Es preciso realizar una cesárea urgente ya, ahora mismo.

Llamamos a las enfermeras de quirófano, anestesista y cirujano.

Al poco tiempo, la hoja del bisturí en manos del cirujano corta el útero y la habilidosa mano extrae con rapidez un cuerpo flácido que depositan en el trozo de tela verde que sujeta la comadrona entre sus manos, junto a mí.

Colocamos al bebé en la cuna de reanimación, lo estimulamos, aspiramos y milagrosamente empieza a llorar.

El recién nacido acaba de nacer con vida, y sigue vivo, una obviedad no tan evidente en este entorno.

Es un llanto de esperanza, hay futuro, está naciendo, estamos apostando por él.

El conocimiento del personal sanitario ha salvado una vida.

Sin poder celebrar la alegría del momento, suena mi teléfono que me reclama en pediatría.

Alzo la mirada y me encuentro con unos ojos agotados, extenuados, sudando lágrimas y suplicando ayuda. Es Mikaeli, el niño con dificultad respiratoria se acaba de quedar sin oxígeno.

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6 comentarios

  1. M’emociona i m’entristeix saber el que passa a l’hospital. Quina gran feina feu el personal sanitari arreu del món. I més a Etiòpia on es va tan escàs de recursos. Una abraçada,

    Josep

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