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El hospital de Gambo: el hospital que multiplica las camas

Gambo Rural Hospital, Etiopía

El Hospital de Gambo:el hospital que multiplica las camas


Nos encontramos ante el hospital con alma, el hospital de la Alegría. Nadie sabe el número de camas con certeza en la sala de pediatría. Un día hay 45, al día siguiente 57. Los papeles dicen que hay 45 camas en pediatría, pero los que vivimos en Gambo sabemos que esto no es cierto. Sabemos que hay tantas camas como sean necesarias. Gambo siempre está lleno, pero en realidad nunca lo está, ya que aunque estén todas las camas ocupadas siempre hay sitio para un niño que lo necesite. Gambo puede tener 150 o 200 camas o cuantas sean necesarias. Es el milagro de la multiplicación de las camas de Gambo. Podemos tener 150 camas, que si no tenemos ni un alma, de nada nos servirían. Podemos tener las mejores instalaciones, que si no tenemos alma, de nada nos servirían.


No sabemos pronunciar las palabras: “Está lleno, no tenemos sitio.” Si es necesario, siempre hay lugar, siempre hay sitio en Gambo para aquel que lo necesita. Con Amor, con esfuerzo y trabajo es posible pasar de la tristeza e impotencia de pronunciar las palabras: “Está lleno, no tenemos sitio”, a la Alegría. Estamos aquí para esto, para entregarnos a los demás, con Alegría, siempre con Alegría.


Estamos cansados, muy cansados, agotados, pero el agotamiento llega a desaparecer y transformarse en Alegría, es la fuerza del Amor. Hemos pasado de la tristeza a la Alegría. Ahora niñas como Meheret y Abdulakim pueden ingresar y recibir la atención médica que necesitan.
Gambo es un hospital de humildes recursos, pero con una gran riqueza de alma. Y eso es lo más importante.
Teniendo alma, lo demás vendrá.
El pabellón de pediatría consta de tres edificios en forma de U y un patio central con juegos. El complejo dispone de una sala de curas y exploraciones, un almacén, una sala con capacidad para doce neonatos y cuatro habitaciones dedicadas a la hospitalización. Cada una de ellas tiene seis camas en las que se acomoda a dos niños por cama, de manera que la capacidad es de cuarenta y ocho niños, aunque no es excepcional que aumente sin que ello suponga ningún desbarajuste. Donde caben cuarenta y ocho en cuatro habitaciones caben sin grandes dificultades cincuenta y dos o incluso sesenta si es necesario… Los niños tienen que compartir cama por falta de espacio para todos.


Seguimos el camino hasta llegar al pabellón para las personas con lepra, más que eso es ya un hogar. Aquí viven durante varios meses las personas afectadas de esta enfermedad. Algunas lo hacen durante años, lo que convierte a Gambo en mucho más que un hospital, en un hogar, una casa, un centro de acogida.
En otro pabellón nos encontramos la maternidad, lugar donde las mujeres embarazadas acuden a dar a luz, a traer vida, sin perderla ellas. El gran objetivo que Gambo quiere conseguir es que ninguna mujer muera al dar vida.
Cerca de la maternidad me encuentro a varias personas agachadas, con una azada en la mano cortando la hierba. Oigo mi nombre. Me acerco, es Frehiwot, la mujer de Abdisa. El hospital ofrece trabajo a más de ciento cincuenta personas del pueblo de Gambo. Los jardineros y el personal auxiliar son personas afectas de lepra, que se han quedado sin trabajo y sin familia. Gambo les ofrece un trabajo, una vivienda y, de hecho, una familia.


El milagro solo es posible gracias al trabajo de cada uno de los trabajadores. La suma de cocineras, limpiadoras, enfermeras, auxiliares, nutricionistas, comadronas, técnicos de mantenimiento, médicos… formando un equipo de más de ciento cincuenta trabajadores etíopes. Gambo es también el hospital de las trescientas manos. El centro ofrece trabajo y formación a las personas de esta población rural. Con esfuerzo, sacrificio y entrega se puede mejorar la salud, educación y condiciones de vida de una población mediante un desarrollo integral.


Los trabajadores del hospital son los auténticos héroes y heroínas. Sin ellos Gambo no existiría. Quiero rendir un homenaje a cada uno de ellos, son los que día tras día están allí, al pie del cañón.
Estamos en Gambo, a 225 kilómetros al sur de la capital. Addis Ababa.

Cada vez que vuelvo a Addis Abeba, siempre contemplo la misma imagen: en las proximidades del África Hall se alza una nueva construcción, a cual más grande y lujosa. En Etiopía los sistemas cambian –primero el feudal autocrático, luego el marxista-leninista, actualmente el federal-democrático–; África también cambia -–se vuelve cada vez más pobre–, pero todo esto no tiene ninguna importancia: la victoriosa e inquebrantable ley que ordena seguir ampliando la sede del principal poder africano, el África Hall, funciona sin dependencia ni condicionamiento alguno.”
Ryszard Kapuscinski – Ébano

Addis Abeba, vocablo amárico cuyo significado es “Nueva Flor”, es una ciudad en pleno crecimiento. Me sorprendió el número de edificios en construcción. Después de varios atascos, conseguimos abandonar la capital y tomar una carretera bien asfaltada rumbo al sur. Lo define muy bien Robert D. Kaplan en su obra Rendición o hambre cuando dice: “En cuanto a la alimentación, millones de personas podían estar pasando hambre en las regiones rurales adyacentes, pero para los extranjeros, Addis Abeba era uno de los lugares del continente donde mejor se comía: siempre era posible pedir un bistec a la parrilla bien asado… A cierta distancia, escenas desgarradoras estropeaban las comidas, paredes de chapas de zinc ocultaban la desagradable realidad de los barrios pobres”.


Hemos dejado atrás el asfalto, los edificios que desafían la gravedad ascendiendo hacia el cielo, las aglomeraciones de automóviles… para adentrarnos en la zona rural, viviendas familiares de adobe y techo de paja, de una planta y una sola habitación. Nos encontramos a 2.200 metros sobre el nivel del mar caminando por una tierra rojiza. El aire limpio me limpia el alma también. No encontramos ninguna carretera asfaltada cercana, este hecho hace que al lugar accedan escasos vehículos. El sonido de claxon de la capital ha sido sustituido por el cantar de los pájaros de espectaculares colores. La contaminación y polvo por aire limpio. Las construcciones que desafían la gravedad por viviendas de una sola planta; el cemento por adobe y paja. Las tierras áridas, desérticas y polvorientas del valle del Rift. La tierra rojiza, los bosques y las montañas. El aroma a café impregna el ambiente.


El hospital de Gambo se encuentra ubicado en una zona rural, alejado de cualquier núcleo urbano, atendiendo a una población con escasos recursos económicos para quienes el centro es el único servicio sanitario que tienen al alcance. Fue fundado como leprosería. Etiopía es el país de África con más personas afectas de esta enfermedad. Así nació Gambo. Y ahora os voy a explicar cómo nació Gambo en mí.


Gambo tiene alma propia.

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