Jamila nació para luchar. Una historia desde Gambo, Etiopía

JAMILA NACIÓ PARA LUCHAR

La batalla por la supervivencia de una bebé en un hospital rural de Etiopía ilustra la cruzada africana por reducir las muertes neonatales. La lucha es larga: cada año un millón de niños de países pobres mueren antes de cumplir 24 horas de vida.

 GAMBO. ETIOPÍA

Fotografías de Alfons Rodríguez

Texto de Xavier Aldekoa

Más información en www.indestructiblesafrica.org

http://indestructiblesafrica.org/project/etiopia-jamila-nacio-para-luchar/

 En su primer día de vida, Jamila engañó a todos. A los médicos, a los enfermeros y a la muerte. A su madre, Hawi Merga, no. Cuando la mujer dio a luz, mientras los sanitarios cortaban el cordón umbilical que le unía a su hija, su cuerpo se sumió en un temblor incontrolable por el agotamiento y el esfuerzo del parto. Acaso por la sospecha de que el sufrimiento no había hecho más que comenzar. Eran las ocho de la mañana cuando Jamila lloró por primera vez. Fue un llanto enérgico e in crescendo, que inundó la sala de partos de Gambo, una antigua leprosería reconvertida en hospital en una aldea a 250 kilómetros de Addis Abeba, capital de Etiopía. Aquel sollozo retumbó en las paredes de la maternidad y resbaló por los pasillos sucios del edificio como un canto a la vida. Jamila apuró el engaño: se acurrucó dócil sobre el torso de su madre, con la piel húmeda y los dedos encogidos. Al poco, se moría: una infección pulmonar obligó a los médicos a reanimar su corazón detenido con un desfibrilador. Apenas minutos después de la paz inicial, su madre chillaba enajenada cuando el cuerpo de la niña se elevaba tras cada sacudida de electricidad. En su primer día de vida, Jamila engañó a todos porque cuando nació en realidad se moría y cuando estaba muerta empezó a luchar.

Tras reanimar a la bebé, cuando se la llevaban a la incubadora, Kedir Ogato, uno de los sanitarios que había atendido el parto primero y el paro cardíaco después, se secaba la frente de sudor.

— Pensaba que la perdíamos.

…/…

En el hospital de Gambo, se trabajaba a destajo para combatir esas cifras salvajes.

Dirigidos por Iñaki Alegría, un joven médico catalán que había llegado allí cinco años antes para un voluntariado de tres meses y no se había podido marchar, un equipo de doctores y enfermeros etíopes se turnaba para atender a los noventa niños de la sala de pediatría e intensivos.

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Fotografías de Alfons Rodríguez

Texto de Xavier Aldekoa

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