Wayitu, de la muerte a la vida

Muy buenos días desde el hospital de Gambo en Etiopía.

Hoy quiero compartir una historia que acabo de vivir y que no me deja conciliar el sueño.

Wayitu, de la muerte a la vida

Pu-pu-pu-pu-pu-pu-puuum-puuuum-puuum…

Latido a latido, así hasta llegar a un minuto: cuarenta y cinco. Es tan solo un número que no me dice mucho. Hace escasos minutos el latido era de ciento sesenta. Otro número que debo interpretar.

Pero no me dedico a interpretar números perdidos en la nada, sino que se encuentran en un contexto, pero sobre todo en una persona, y en este caso es en el cuerpo y alma de Wayitu.

Un cuerpo postrado en el lecho, sin fuerzas para vencer a la gravedad, se deja caer derrotado a las espaldas de un frío y viejo colchón.

Ni una parte del cuerpo se atreve a desafiar la fuerza de la gravedad, es como si tan solo fuese capaz el alma de vencer la fuerza gravídica buscando el lugar ingrávido que ignoramos.

Una mirada que mira sin ver, un latido que se está apagando por momentos. Y debo hallar la causa para revertir la situación.

Altera mi pensamiento un llanto desconsolado, es el de su hija, Lama que se acerca apresurada, sin ver a lo que cree que es un cuerpo sin vida. Llora la muerte de su mamá.

Le tomo el brazo, buscando su mano que apreto con firmeza al igual que mis palabras:

– Lama, no llores, se va a recuperar.

Acto seguido y sin perder tiempo, tomo el manómetro. Coloco el manguito en el brazo a la altura por encima del brazo, tomo el fonendoscopio naranja y me preparo para auscultar la tensión arterial.
40/30 mmHg. Extremadamente baja.
Wayitu se encuentra en un shock hipovolémico y no hay tiempo que perder, su cuerpo ha perdido una excesiva cantidad de volumen a través de los vómitos y diarreas que presentaba los últimos días. Apenas queda algo de volumen para todo el cuerpo, el corazón late y late exprimiendo así al máximo cada gota de sangre, pero de seguir así el corazón será el que acabe agotado y deje de latir, y será para siempre.
Es urgente inyectar líquidos para recuperar el volumen de la sangre y así la presión arterial.

Busco sin encontrar la vena en el antebrazo derecho… Miro en el izquierdo… Apenas se palpan.
Tomo la aguja, atravieso la piel con la esperanza de que brote algo de sangre por la vía… pero no es así… La retiro, lo vuelvo a probar cambiando el ángulo de inclinación buscando…

Tampoco…

Lo vuelvo a probar. EL tiempo exprime la vida de Wayitu a cada segundo.

Ahora sí. Refluye sangre, indica que la aguja se encuentra dentro de la cavidad venosa. Es hora de retirar la aguja y dejar la vía por la que empezar a pasar a chorro, a la máxima velocidad posible suero salino fisiológico.

Lama con los ojos llorosos se acerca.
Toma la mano de su madre. Se la lleva a la boca proporcionando un beso de ternura con aroma a despedida. Pensando que quizá sea el último.

Mientras por un brazo pasa el líquido a la máxima velocidad posible, por el otro, pasa el calor y cariño de una hija entregada. No sabría decirte cuál es lo más eficaz.

Los minutos se alargan queriéndose convertir en horas de ciento veinte minutos.

Las venas se van llenando de líquido… el cuerpo del cálido amor…

Con el paso de los minutos, llegan las horas y con ellas la sombre de la muerte se va alejando… vuelve a la vida Wayitu…
Las lágrimas de Lama se secan y se convierte en luz de esperanza.

Y como si de un milagro se tratase el cuerpo que hace veinticuatro horas se tiraba abatido sobre la espuma del colchón esperando que el tiempo hiciese el resto… ahora, desafía la gravedad en posición vertical y levantando los pies y abandonando primero la cama y luego la silla de ruedas.

Lama, ha estado en todo momento junto a su madre. Llorando cuando se acercaba la muerte. Acompañando, abrazando, sujetando el peso de su madre para que pudiese descansar mejor recostada.
Con pequeños gestos de gran amor: tapándola con cuidado en cuanto la manta dejaba alguna parte de su cuerpo al descubierto, sujetando el peso de su espalda contra su cuerpo para que pudiese descansar…

La actitud de Lama ha sido ejemplar, impecable, pero ella sabe que no es suficiente, ella quiere hacer todo lo posible, y después de ver ante sus ojos como su madre ha pasado de la vida a la muerte, ahora lo tiene más claro que nunca:

Quiere estudiar medicina, quiere ser doctora.

– Quiero ser Doctora como tú Dr Iñaki. Quiero salvar la vida de las personas como tú has salvado la de mi madre

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