Proyecto DREAM – Cominidad de Sant Egidio

DREAM, acrónimo de Drug Resource Enhancement against AIDS and Malnutrition, es un programa de enfoque global para tratar el sida en África que la Comunidad de Sant’Egidio empezó en febrero de 2002. En la actualidad DREAM está presente en Mozambique, en Malawi, en Tanzania, en Kenia, en la República de Guinea, en Guinea Bissau, en Nigeria, en Angola, en la República Democrática del Congo y en Camerún. 

El programa es hijo de un sueño. De ahí su nombre. Se trata del sueño de hacer frente de manera nueva y más eficaz a la epidemia del sida en el continente africano. El sueño de que haya igualdad entre el Norte y el Sur del mundo.

DREAM
es sobre todo una actitud distinta ante África. Es una mirada llena de confianza y de esperanza en el continente. Es la decisión de ser libre de las cadenas del afropesimismo y de aquel minimalismo que demasiado a menudo se aplica a África. Es la voluntad de reafirmar el derecho al tratamiento para todos, independientemente del lugar en el que se ha nacido. Para que también millones de niños africanos puedan tener ante sus ojos aquella larga vida a la que querríamos que tuviera derecho nuestro hijo

El sida es hoy día un problema sobre todo africano, o más concretamente, subsahariano. Así lo demuestran varios hechos: dos tercios de los enfermos y de los infectados (25 millones) residen en esa parte del continente; en el África subsahariana se infectan cada año 1.700.000 adultos y niños (dato referido a 2007); y son sobre todo los africanos, los que pagan un elevado tributo por la difusión de la epidemia.

DREAM es, pues, sobre todo una actitud distinta ante África. Es una inyección de confianza y de esperanza, un contagio –podríamos decir– de confianza y de esperanza.

Confianza y esperanza en que se puede combatir el sida, y que se puede hacer en África. Confianza y esperanza en que la situación de muchos seropositivos marcados por el estigma, por el miedo de hablar, por el sentido de la condena, puede cambiar. Confianza y esperanza en que hombres y mujeres achacados y debilitados por la enfermedad pueden experimentar una especie de «resurrección» recuperando energías que serán útiles para ellos y para los demás. Confianza y esperanza en que millones de niños y niñas –el futuro de África y de todo nuestro planeta– puedan tener ante ellos aquella vida larga que querríamos para nuestro hijo o nuestra hija.

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