Senegal – Mballocounda

Mballocounda, un pequeño poblado de humildes cabañas de adobe y paja, al que se accede a través de un pequeño sendero cuya estrechez impide el paso de coches, permitiendo tan solo el acceso a pie, en bicicleta o los más afortunados en moto, y en la estación húmeda las abundantes tormentas tropicales obligan a ir a pie o a pie. A la llegada, el pueblo entero de da la bienvenida al ritmo de cantos y bailes, desde las mujeres más mayores a los niños más pequeños. Al momento percibí que el verbo dar toma su máxima expresión. Dejan todo lo que en ese momento estuviesen haciendo, nada hay más importante; llegan de muy lejos unos huéspedes y es necesario acogerlos. Lo importante son los otros, no uno mismo. Aquí, en cambio, si alguien llega a nuestra casa por sorpresa, lo primero que le diríamos sería porqué no nos ha avisado; que ahora no me va bien, estoy haciendo una cosa… ¿Quién es aquí el importante? Uno mismo, y es el otro el que debe adaptarse a nosotros.

En un contexto de pobreza, extrema en muchas ocasiones, Senegal continua siendo un país de sonrisas y alegrías enmarcadas en la “teranga”; palabra wolof, uno de los idiomas oficiales del Senegal, que se traduciría como “hospitalidad” o “calidez”, y es posiblemente el concepto que mejor define a los senegaleses. Cuando partes de África, en realidad no partes. Una vez has llegado a África, el alma queda seducida por la riqueza y pureza espiritual de este continente.

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