Marasme / Marasmo

Entra en la consulta un lactante que jamás olvidaré. 2 meses de vida. 2 kilogramos y 600 gramos de peso. Hueso cubierto de una fina capa de piel. Se pueden contar una a una las costillas a simple vista. Se puede reseguir a través de la fina piel el hueso. Mirada hundida, triste, hambriento… Bracitos de hueso que parece que se vayan a romper al cogerlo. Piernas que no son más que hueso e incapaces de sostener ningún peso. Cara de persona mayor… de haber vivido ya demasiada dureza. Por mucho que me esfuerce, creo que jamás conseguiré describir lo que es ver a un niño agonizando de hambre día tras día, hasta no ser más que fina piel enganchada a un hueso diminuto. Una imagen vale más que mil palabras.

Es la viva imagen de la malnutrición calórica, de estar muriendo en vida de hambre, simplemente de hambre. En África los niños continúan muriendo de hambre mientras en otros lugares nos preocupamos por evitar la obesidad y tiramos la comida después de quedar saciados hasta más no poder.

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